Volar.

  Desde mi habitación escuchaba sus idas y venidas. Mientras me dejaba adormilar, con los ojos cerrados y la luz apagada. Seguía sus reconocidos pasos y la rutina de acostarse.

   Esperaba sus últimos paseos por la vivienda, la últimas palabras, y el silencio.

Un silencio lleno de sonidos, de respiraciones, de giros en la cama e incluso algunas palabras sueltas en sueños.

  Me dormía con todo ello, y me daba seguridad.

  Porque otras muchas noches tras sus pasos, y el silencio comenzaban otras ya”rutinas”, que nos despertaban, si es que ya estábamos dormidos y cada uno, desde cada una de nuestras camas esperábamos “a ver” hasta donde llegaba.

  Unas, tras sus cruces de palabras llegaba el silencio, otras, tras las palabras surgían los ruidos, golpes y gritos de enfado. Y para entonces ya nadie dormía, ni sabía bien que hacer. Porque no existía una lógica para “esto” y éramos niños asustados escuchando a tus padres gritar.

  Mucho tiempo después, al volver a “mi casa” todos esos recuerdos se convirtieron en sonidos en mi cabeza.  Una extraña añoranza de algo que no fue  bueno, y sin embargo, nos hizo cómplices ante la adversidad, de una normalidad extraña.

  Hasta de ello hicimos una rutina y plan. Quién se levantaba, quien decía, y quiénes a veces nos unimos para “intentar”.

  Supongo que extrañamente fueron nuestras primeras noches de desvelos y mañanas de “resacas”.

  Durante un tiempo, en mi vuelta, los ruidos me acompañaron, haciéndose casi reales en mi cabeza.

  Tristes, y deseados a la vez.  Olvidados y añorados.

Las voces, los ruidos, las respiraciones acompañadas de mis hermanos. Los sonidos al despertar, los pasos reconocidos, mi madre en la cocina preparando el desayuno.

Somos animales extraños, de sentimientos contradictorios.

Fuimos niños a los que no nos preguntaron si queríamos ser mayores.

Nos hicieron mayores, y el siguiente paso fue volar.

Tiempos oscuros

Desánimo. Tristeza y oscuridad.

Es lo que me mueve desde hace un tiempo.

Recuerdo que de joven imagina un futuro, cosas que hacer y conseguir.

El tiempo me ha enseñado que el futuro es sólo una ilusión. Las cosas, solo objetos y conseguir metas solo es la forma de entretener la mente.

Quizás esté equivocada en todo.

Pero he vivido que el mañana que creías desaparezca.

He vivido que la ilusión de conseguir cosas materiales, llegado el momento, solo se convierte en objetos que cargar u olvidar.

Y que las metas sociales, solo sirven para encontrarte en círculos que por si no conllevan a la felicidad, si no la llevas antes contigo.

Mi deseo vital siempre ha sido ser feliz. A mi edad puedo entender que seguramente no lo era cuando tanto lo deseaba, y que quizás, muchas veces, cuando lo he sido, no lo he sabido “guardar” cuidadosamente.

Aunque la felicidad son eso, momentos.

Pequeñas chispas que iluminan el camino, con su luz dorada. Hoy, colorean en mi mente esos clip de imágenes. Risas, abrazos, lágrimas y gestos.

Últimamente me duele el “alma”.

Y no sé si sé o quiero arreglarla.

Los de Jaén son duros.

Hoy tocó nuevo paso. Nueva dirección y continua.

La vida no me deja hacerme la débil. Aún a pesar de las ganas de sentirme por fuera como ya me siento por dentro.

Y acepto, y sigo, aún sin comprender.

Ya se pasó el dolor, la herida ya no supura, pero como mi cicatriz en el pecho pincha desde dentro, recordándote, desde ahí.

Ya nunca volverá a ser igual.

Y en mi mapa de vida una nueva señal. Una más.

Se fué a la mierda las imágenes de tópicos familiares. Ya aparece en la foto el que está. Y ni tan mal.

El año de la pandemia dibujo nuevas formas. Normalidades dijeron, y lo que no era normal sirvió para asentar verdades y mentiras. Dio tiempo para pensar, ver y esperar.

Quizás esté sea el de descubrir. Ya apunta maneras…

Siempre/ nunca

Se me hace difícil aceptar como normalidad agunos cambios y las pérdidas de personas que jamás esperé.

Quizás se me han juntado muchas cosas, o justo esta sucediendo así para que sea algo de lo que tenga que transcender.

La desaparición de amistades que poco a poco se disiparon y que antes, fueron parte cotidiana de mi vida.

Con los que, tras muchos años de convivir y compartir buenos y no tan buenos momentos. Disfrutar fechas, ver crecer nuestros hijos . Hoy difícilmente usan de su lado el teléfono o la nueva versión de compartir, whasap.

Se dice que la distancia separa cuerpos, no corazones. Pero la realidad es que lo cotidiano parece ocupar la mente y diluir sentimientos. Quizás también mi proceso de cáncer y mi necesidad me ha hecho sentir más su falta

Amistades que fueron de compartir a casi diario, la rutina, los sentimientos o la compra. Las locuras imaginadas o los deseos sin cumplir. Diluidos, hoy, en pasado, añorados y a la vez causando dolor.

Los familiares fallecidos a los que no les tocaba ir.

Y la nueva vida que tras su perdida deja un gran agujero negro difícil de llevar con normalidad. La falta de sus voces, sus rutinas compartidas en mi vida, la preocupación natural por ellos, sentimientos que emergen a la nueva versión de la vida sin ellos.

Años de llamadas rutinarias, fechas y momentos en los que tienes que recordar, ah, no, no está.

La receta que compartias, sus comidas familiares, la actualidad que desearías comentar, o esos sentimientos que aparecen solos cuando te tienes que recordar que no está.

Dolores emocionales que superar, aún cuando es difícil creer que un día no dolerá.

Quiero creer que cada suceso tiene su porque..o para que. Aunque a día de hoy aún no la comprenda.

Aún así, mi interior contiene una parte propia de tristeza que convive conmigo desde siempre. Una amistad no deseada pero a esta alturas de mi vida, es compañía. Un abrazo cálido de melancolía, que me susurra recuerdos e historias que no fueron y que podrían haber sido.

Quizás he vivido más de ilusiones que de realidad, quizás he esperado siempre.

Procesos

A poco tiempo de contar un año desde mi última quimio repaso con otra visión mi sentir.

Fueron tiempos difíciles. La quimioterapia fue en dos fases, y la primera fue la del miedo.

Esa primera fue tan terrible que viví unos momentos en los que creía que moriría, no por la medicación, sino por el miedo. Entrar en la sala, ver a los enfermos, las máquinas. Las advertencias de mi enfermera sobre mi posibles efectos con la medicación.

Desde luego algo así cambia la vida, de cualquiera.

La llamada que me citó para oncología tras mi mamografía.

La repetición de la misma y los permisos para hacer alli mismo la biopsia.

El temblor imparable y la incapacidad de poder pensar, serenarse, o entender.

Las quimios fueron sucediendo y el miedo desapareció poco a poco, con la llegada de los síntomas soportables. Conocer a quienes viven tu misma situación, y quiénes no tan bien estaban pasando por estos procesos.

La segunda parte llegó con la acumulación de medicación, menos energía pero con la creencia de ver esperanza, un camino, con buen fin.

Y esa segunda parte y las quimios derrumbaron mis creencias, mi esperanza y añadió un nuevo miedo. Impensable. Oculto y silencioso.

Miedo a no sobrevivir.

Sentir que tu cuerpo no responde, que tu mente vive separada de la realidad física. Y ser incapaz sino de ver cómo pasan las horas, los días hasta no saber en qué momento vives.

Lloré, mucho. Maldecí el momento, en mi peor lucha, me dejó sin madre, sin la hermana que tanto desee. Sin las manos de amigos.

El proceso tristemente me ha enseñado algo doloroso.

La realidad de la perdida del amor maternal, filiar, y tus amistades, justo cuando más necesitas.

Mi última quimio fue el 27 de este mes, hace un año. Lloré para no ponermela.

No acudí a mi cita porque no podía salir de la cama. Estuve ingresada dos veces y acudí a urgencias otras dos.

Sé que hay quien celebra su nueva vida tras estas cosas.

Yo hoy por hoy no sabría que celebrar, que fecha, que momento fué.

Tampoco sé ubicar el final, si es que esto tendrá un final. Un término para decir se acabó, un término para sentir está soy yo. La nueva, la vieja, lo que se fué y lo que aprendí.

Nuevos caminos

Cerca de terminar este extraño año, sigue sucediendo inesperados movimientos.

Me consuela saber cómo la mayoría que me rodea hemos vivido este año

El anterior año, fue muy duro y complicado para mí y mi familia. Para mi, porque desde principios del mismo, estuve de prueba en prueba hasta el resultado de mi cáncer.

Y a la vez, mi madre fué enfermando y su situación fue complicando por su situación emocional.

La situación familiar tampoco ayudó.

Así que, en el momento difícil, que podría haber sido algo más dulce, acompañado, por una familia fuerte que te apoya, sucedió lo contrario, dentro también de normalidad.

Duele sin embargo vivirlo, en unos momentos tan cruciales.

Aunque como todo tiene otro lado, mi hermanos me descubrieron su mejor versión hacia mi. Sus apoyos fueron un bálsamo para tanto dolor.

Igual que perdí lo que creía por derecho, descubrí, otras que quizás no había valorado en su totalidad.

Mi primera quimio sucedió justo dos días antes de la muerte de mi madre. Y el proceso de mi tratramiento se mezcló con el duelo de perder a mi madre, aún con las carencias de nuestra relación. Más el vacío del apoyo que nunca esperastes que te faltaría.

Los tópicos familiares funcionan en ambos lados de la normalidad.

Este año que acaba, tras todo mi proceso de cáncer, la situación emocional que contiene, la propia, familiar, y externa.

Llegó la pandemia, la economía del país entero hundida y la inseguridad de la propia vida de tus seres queridos y conocidos. Convirtiéndose en un reto, a superar con buen ánimo.

Quizás haciendo repaso como siempre a pocas fechas de acabarlo la revisión no sea tan mala.

Todo se ha ido encajando, aceptando y empujando a comprender.

A lo que nos rodea, los que nos defraudan, y las heridas que cada uno cargamos de una forma u otra.

El proceso de cada uno de nosotros modifica la forma de actuar, ser y ver.

Desde hace un tiempo hice mío un nuevo mantra, lo aplicó constantemente ante las situaciones que no se resolver. Me da respuesta y tranquilidad.

¿Qué harías desde el amor?

Hace solo dos días, observé un acto de amor. De una hermana hacia sus hermanos. Y el calor llegó a mi corazón. Aún cuando su intento no prospere, aún cuando exista en ella una gota de egoísmo. Lo está intentando.

El amor lo arregla todo..

Quitarse la venda

El fin de semana ha sido vox populi la vida y miseria de una popular cantante y su entorno.

Las redes hervían con opiniones y versiones de cada quien.

De cada lado, de normas morales,de las economicas, de las sociales.

Y tristemente, a mi me trajo recuerdos vividos.

Los interiores se suelen dibujar para el exterior.

Curiosamente desde fuera todos vemos y no queremos creer, hasta cuando nos toca, la mayoría intentamos una y otra vez. Hasta que se explota.

Y ya difícilmente hay vuelta atrás, porque la ira y el daño acumulado hacen sacar esa coacla la que has ido tapando, guardando sin querer. Aún con la mejor intención, esperando, esperando y queriendo creer.

La experiencia, ahora, me dice ¡salta! en cuanto mi intuición me avisa. Me escondo de apariencias y quedas bien. De quienes creen que saben cómo deben ser las cosas, según sus propias normas no usadas para ellos.

Y aún así, y gracias a la dolidas experiencias, dudo.

Me cuesta, aunque lo veo constantemente.

Sigue dentro de mi aún sin que yo ponga intención , la esperanza. Tengo ese don de intuir lo que podría ser y creerlo/esperarlo. Aún con todas las apuestas en contra.

Y en el fondo, aunque me hace luchar con mi propia contradicción me empuja a no derrumbarme, viendo lo que veo.

De muy pequeña, descubrí gracias a televisión en blanco y negro, como otras familias se besaban y abrazaban, al llegar a casa, al irte a dormir. Y ese pequeño gesto, a mi poca edad iluminó mi mundo.

Algo en mi interior me convenció de que eso, el comportarse como una familia, podía ser una normalidad para otros, no para nosotros. Durante un tiempo, con mi madre solicite sus besos y abrazos y tristemente ese gesto desapareció, ya que para ella era un esfuerzo.

Aprendí de este gesto más de lo que la edad me llevaría.

Y sin embargo, han sido los años los que me han ayudado a entenderla a ella.

Tristemente, aún con el dolor que conllevó cada descubrimiento, jamás se me ha ocurrido dibujar otra versión. No tienes porqué explicar a nadie lo que sucede dentro de tus relaciones, pero tampoco inventar lo que no es verdad.

El exterior que solo muestra un escaparate y falsas risas vende más que las realidades. Pero ser coherente con tu propia verdad da más conciencia y ayuda a dormir tranquil@.

Y la vida continúa

Y así es, continua a pesar de todo, o sobre todo. Y me queda “vivir”, no sobrevivir.

Durante demasiado tiempo he sobrevivido, la mayor parte luchando contra mil cosas que el tiempo me ha demostrado que solo las vi yo.

Luchas contra mi.

Aún con el conocimiento y una nueva percepción no es fácil. El exterior no ayuda.

Ayer conseguí hablar con mi oncólogo, consulta presencial cada dos mes, y con distancia.

Aún así conseguí que me escuchase, volví feliz. Tres días insistió mi cabecita, repetiendome una y otra vez todo aquello que “tenía” que decir.

Vivir una pandemia sin duda agiliza tu rapidez mental para contrarrestar las continuas noticias, normas y situaciones que dejan de ser cotidianas.

También desanima. Recuerdo cuando empezó y en algún sitio leí que esto nos haría ser mejor persona. Que ironía, como si la vida actual no diese para actuar lo suficiente, decidiendo, en cada instante si quieres ser “buena” persona.

Aunque sin duda es cuando cada uno siente en su piel, es cuando (con suerte) piensa en los demas.

Y digo con suerte, porque he aprendido que existen personas que nunca tendrán la capacidad de ver más allá de su propio mundo y sus necesidades. Por más que las condiciones se den.

Y bueno, así debe ser.

No es bonito, pero si es cierto. Humanidad es un don, a más conciencia más humano puedes ser.

Re-

Repaso fechas y recuerdos.

El nacimiento de mi hijo, la edad de mi madre, los recuerdos.

Mi separación, la edad de mi hijo, los recuerdos.

El nacimiento de mi hija, los recuerdos, la edad de mi madre y la mía.

Nos separaban 25 años.

Siempre nos dijeron cuando seas madre/ padre lo entenderás.

Y muchas de esas cosas han ido llegando, pero las formas han cambiado tanto que sería increíble la reacción que en el pasado fue normal.

Ha cambiado las formas y las emociones, quizás también los miedos y limitaciones.

Sin embargo ante lo impensable ahora, se produce en mi una contradicción, recordar lo que en su momento fue doloroso y dejó huella. Y ahora se convierte en normalidad.

Es la distopía de recordar.

Siempre tengo la percepción de recordar distintas vidas, en una, la mía. Pero hasta las vivencias y ideas fueron tan distintas durante los cambios que no parecen pertenecer al ahora.

El tiempo y los cambios también han cambiado el pasado, han obligado a dibujar de otra forma los recuerdos. Algo que no creía que podría pasar.

Decían el tiempo era un maestro y que nos daría respuestas, y para mí así ha sido, aún cuando no creía en ello.

Las mentiras se derrumban con el, nadie es tan buen actor por tanto tiempo.