Preguntas

-Mi padre pega más fuerte, pero tú has llorado más.

Está era la explicación de mi vecino y compañero de juegos y desgracias para evaluar quien lo había pasado peor y por tanto quien era el ganador empírico. A los 12/3 años, estos eran los valores y vivencias “normalizadas” en mi alrededor.

Doy por hecho que hoy mis hijos no tendrán estás conversaciones, aunque si, con sentimientos parecidos sobre cómo sus padres los castigan o no entienden sus necesidades.

En esos momentos, con esta edad, normalizaba que lo que ocurría en mi casa pasaba en otras más… Aunque en otras no. Como el stetch de José Mota.

Visto lo visto, la normalidad puede cambiar de un momento a otro, y de una situación a otra

A veces este continuo movimiento de querer avanzar, impulsivo en mi, me hacer a veces perder las perspectivas. Y sólo parar y reconectar con la “tierra” me da paz.

Me pierdo en mi interior, mi recorrido y lo que falta. Y dejo de ver. Lo que me rodea. Lo que tengo y que he vivido/compartido.

Fue “ayer” la conversación y el dolor físico de aquel golpe de mi padre..y sin embargo no recuerdo porque fué.

Hoy otra normalidad me vuelve a la realidad…más cruda y sin embargo normalizadas y con buena imagen a exterior.

Nos encanta… (Quítese de aquí quien no), parecer, en vez de ser.

Supongo que todos llevamos “ese dolor” por dentro, demostrando por fuera que todo va bien.

Este equilibrio quizás sea el que yo no comprendo. Estar roto por dentro y parecer genial poder fuera.

O es al revés? Parecer genial por fuera y esconder lo roto.

Buscando

🎵Perdida en mi habitación, sin saber que hacer, se me pasa el tiempo 🎶

Y pérdida en vida estoy yo… Sin parar de organizar la vida que se empeña en liarlamela sin parar… Y así se me pierde, lo que quiero hacer, lo que sueño y el carácter agradable que no suelo encontrar por más que anelo tenerlo.

Dolores/curas

Y un día descubres que el dolor ya no te duele tanto, que ese mismo dolor te hizo crecer y que lo que tanto te dolió y te hizo estar triste tanto tiempo, ahora es parte de tu historia y lo que sentistes…..

Que lo que las personas te rodean y formaron parte de ese dolor, causándolo, solo habla de cómo son.

Que todo, tristemente fue como debía ser, y hoy puedes dar gracias por ello, por el daño, por la herida, y por VER.

  Quizás me he pasado demasiado tiempo huyendo del dolor, envitándolo, por miedo, por inseguridad por no querer ver.

Yo, que vendía palabras, reflexiones y filosofía de exterior, evite interiorizar lo aprendido. Pinte un exterior coloreado por no contar y asumir los grises que dibujaban mi vida. No es bonito airear feliz interiores.

Tres años, la enfermedad, la gran crisis, y perder a la figuras materna que jamas lo fue. Un gran dolor.

Y no, no fue el tiempo quien lo ha curado todo. .

Tristezas

Hay paisajes que duelen. Quizás a mi me duelen demasiadas cosas. 

Dos años sin volver.  Y el paisaje tristemente devolvió el dolor.

El recuerdo del último viaje , de luto.. Luto por su vida y las nuestras y las palabras que formalizó la ruptura. Para mi, palabras guardadas entre memoria de gritos y dolor.

Y su mirada vacía.

Mi amado Mar de Plata se convirtió en dolor.

Encontrar

Supongo que nadie se para a imaginar cómo será tu vida imaginado cambios inventados… Un, y como sería si??

Más bien vivimos en un no me lo esperaba o nunca imaginé como sucedería este cambio/suceso

Siempre he escuchado que las cosas vuelven, para que puedas a hacer lo “correcto”

Hoy ha sido un repaso extremo, inesperado y amplio, demasiado amplio. He sido consciente de cuántos sucesos han acompañado mi vida, cuanta vida he vivido y como todo, forma solo una parte, de lo hasta ahora.

Difícil de digerir, y demasiado poco tiempo para tanto. Vidas, años, sitios, familias, vecinos, experiencias, relaciones, conocidos, historias, intentos, luchas, y una especie de sensación de haberme dejado llevar por tanto. Recordar me ha hecho sertirme como la hoja que gira llevada por el viento, sin decisión, con intentos continuos, con buenas intenciones perdidas, sin conocimiento total, empujada hacia adelante sin entender bien el por qué o para que.

Quizás haya sido el repaso, quizás la situación que me lleva al inicio casi de mi vida. A mi casa, a los recuerdos de mis vivencias desde ahí, rápido, sin parar y conectando cada paso, la personas, la relaciones y las circunstancias.

Ahora me acompaña el dolor de cabeza…y las imágenes. Demasiadas, algunas dolorosas y la mayoría tristes.

Fé y carbones

Fue lo último que me llevé de ella, su mirada de decepción profunda, tristeza y incredulidad..

Quizás todo lo inventé yo desde fuera, quizás más que nunca, la entendí.

No reaccionaba, al exterior, parecía estar en otro mundo, le costaba salir de él y ver, vernos. Yo insistí, hablandole con ánimo, intentando con mi conversación hacerla volver, reaccionar, aceptar y querer.

Hubo momentos de miradas largas, sin palabras, en la que desee más que nunca que me pudiese entender, que le llegasen mis deseos, que se sintiera amada, querída y necesitada.

Pero tras ello regresaba a su mundo de oscuridad, con más tristeza si cabe en sus ojos sin brillo, estáticos.

Intenté hacerla sonreír, tocarla, que la tocasen y guarde para mí su última imagen. Un poco de reacción, unos momentos de estar.

Debió ser muy duro para ella la decepción, la traición y la soledad y abandono. Conociéndola jamás ella se lo habría imaginado. Creía saber, manejó toda su vida a los demás y creía tenerlo todo ordenado en su escenario.

Justo el actor principal cambio el papel, de adorado hij@ y mano derecha a ejecutor con giro dramático contra el protagonista.

Desde fuera, nosotros los actores secundarios fuimos sacados de nuestro lugar. Pasando a ocupar el lugar abandonado, ya sin esa energía vibratoria del estelar titular. Deslucidos tras la tragedia, sin valor, ya que nunca lo tuvimos para ellos dos. Siempre peones, y a veces caballos, de Troya, con sus mensajes en nuestros interiores entre ellos y nuestras caras de cartón con corazones hechos tripas siempre.

El tiempo dicen, el tiempo encajó toda la obra. Los movimientos, y los mensajes. Y dió nombre al comportamiento.

Convivir en un núcleo familiar donde no entiendes tú papel, y dónde recibes mensajes contradictorios de quienes crees serán tú ejemplo, o desde quienes te deberían cuidar, guiar u amar, convierte tu desarrollo en un camino sin sentido, sin base y con inseguridad constante.

Muchos años de lucha interior, mucha capacidad de separar tu interior del mensaje familiar, distópico ya la vez”obligatorio”te llevan a crear una coraza que te complica más tu vida, te pierde más si cabe y bien te empuja a salir del grupo, o, con suerte a aprender y ver este teatro.

Supongo que quiero lea este”cuento”desde el exterior no entienda. No espero nada de mís escritos, ni respuesta, ni aceptación. Escribo porque necesito letras para respirar. Contar para encajar sentimientos y inventar escenarios u obras para entender realidades.

Realidades que no existen, pero que vivo, veo y sufro.

Realidades que por fuera muestran colores más bonitos, y por dentro deslucen.

Esto me recuerda a una frase que usé mucho tiempo… Quién quisiera tener la fe del carbonero.

Ahí vivo yo.

Niños

Mis primeros recuerdos de mi vida están arraigados a una gran vivienda, una  casa de vecinos con mucha habitaciones cerradas, grandes pasillos, una cocina común que solo usábamos nosotros , un baño único en un gran patio y un corral para caballos que nunca vimos.

Como vivíamos solos en la segunda planta, no encontraba diferencias en como vivían los de mi alrededor. Nuestra vivenda eran tres habitaciones comunicadas, un comedor al que se entraba directamente y dos dormitorios a cada lado del mismo. El de mis padres, a la derecha, y el nuestro a la izquierda. Tres camas, y cuatro niños. Íbamos rotando de cama según circunstancias.

De mi cama recuerdo tener que sacudir el colchón cada día, hecho de trocitos de lana, en los que te hundías cada noche, y para mí mente infantil era un abrazo de seguridad.

A veces dormía sola, a veces con uno u otro hermano dependiendo de nuestros momentos.

En mi mente infantil, viven recuerdos de muchos momentos en los estábamos solos, y los tres/cuatro inventavamos historia de esas habitaciones vacías.

Nuestra madre nos solia dejar en “casa” con la puerta cerrada, o a veces en otra habitación exterior que le habían dejado usar al no existir más vecinos, y a la que llamamos la habitación de juegos. Eran dos habitaciones comunicadas, con una puerta exterior al pasillo junto a las nuestras y entre la cocina.

Está habitaciones de juego, tenía una ventana, separada por un marco con otra ventana, que ya era del pasillo. Ventana que usábamos para”escapar” de encerramiento. Y vigilar y descubrir lo que nos rodeaba.

Uno de los intereses que nos ocupaban más tiempo eran algo que no comprendiamos, esas habitaciones cerradas, y sus ojos de cerraduras, por donde buscábamos respuestas a nuestras mentes infantiles.

Mirábamos una y otra vez, buscado diferencias de movimientos, basados en aquellos ruidos que imaginabamos y que eran secretos para nosotros. Nuestros miedos se unían a nuestras aventuras imaginarias de personas escondidas y sonidos secretos.

En estas habitaciones había muebles que solo vislumbramos, en penumbra y que tras cada vigilancia a aquellas cerraduras ocupaban nuestras mentes recordando si algo ya no estaba en su sitio anterior.

Hoy lo recuerdo como un juego extraño. Sin mucho sentido. Pero sin dudas lo que más recuerdo, es esa inquietud, que nos daban esas cerraduras de paso a un mundo imaginario, mezcla de aventura y miedo.