Fé y carbones

Fue lo último que me llevé de ella, su mirada de decepción profunda, tristeza y incredulidad..

Quizás todo lo inventé yo desde fuera, quizás más que nunca, la entendí.

No reaccionaba, al exterior, parecía estar en otro mundo, le costaba salir de él y ver, vernos. Yo insistí, hablandole con ánimo, intentando con mi conversación hacerla volver, reaccionar, aceptar y querer.

Hubo momentos de miradas largas, sin palabras, en la que desee más que nunca que me pudiese entender, que le llegasen mis deseos, que se sintiera amada, querída y necesitada.

Pero tras ello regresaba a su mundo de oscuridad, con más tristeza si cabe en sus ojos sin brillo, estáticos.

Intenté hacerla sonreír, tocarla, que la tocasen y guarde para mí su última imagen. Un poco de reacción, unos momentos de estar.

Debió ser muy duro para ella la decepción, la traición y la soledad y abandono. Conociéndola jamás ella se lo habría imaginado. Creía saber, manejó toda su vida a los demás y creía tenerlo todo ordenado en su escenario.

Justo el actor principal cambio el papel, de adorado hij@ y mano derecha a ejecutor con giro dramático contra el protagonista.

Desde fuera, nosotros los actores secundarios fuimos sacados de nuestro lugar. Pasando a ocupar el lugar abandonado, ya sin esa energía vibratoria del estelar titular. Deslucidos tras la tragedia, sin valor, ya que nunca lo tuvimos para ellos dos. Siempre peones, y a veces caballos, de Troya, con sus mensajes en nuestros interiores entre ellos y nuestras caras de cartón con corazones hechos tripas siempre.

El tiempo dicen, el tiempo encajó toda la obra. Los movimientos, y los mensajes. Y dió nombre al comportamiento.

Convivir en un núcleo familiar donde no entiendes tú papel, y dónde recibes mensajes contradictorios de quienes crees serán tú ejemplo, o desde quienes te deberían cuidar, guiar u amar, convierte tu desarrollo en un camino sin sentido, sin base y con inseguridad constante.

Muchos años de lucha interior, mucha capacidad de separar tu interior del mensaje familiar, distópico ya la vez”obligatorio”te llevan a crear una coraza que te complica más tu vida, te pierde más si cabe y bien te empuja a salir del grupo, o, con suerte a aprender y ver este teatro.

Supongo que quiero lea este”cuento”desde el exterior no entienda. No espero nada de mís escritos, ni respuesta, ni aceptación. Escribo porque necesito letras para respirar. Contar para encajar sentimientos y inventar escenarios u obras para entender realidades.

Realidades que no existen, pero que vivo, veo y sufro.

Realidades que por fuera muestran colores más bonitos, y por dentro deslucen.

Esto me recuerda a una frase que usé mucho tiempo… Quién quisiera tener la fe del carbonero.

Ahí vivo yo.

Niños

Mis primeros recuerdos de mi vida están arraigados a una gran vivienda, una  casa de vecinos con mucha habitaciones cerradas, grandes pasillos, una cocina común que solo usábamos nosotros , un baño único en un gran patio y un corral para caballos que nunca vimos.

Como vivíamos solos en la segunda planta, no encontraba diferencias en como vivían los de mi alrededor. Nuestra vivenda eran tres habitaciones comunicadas, un comedor al que se entraba directamente y dos dormitorios a cada lado del mismo. El de mis padres, a la derecha, y el nuestro a la izquierda. Tres camas, y cuatro niños. Íbamos rotando de cama según circunstancias.

De mi cama recuerdo tener que sacudir el colchón cada día, hecho de trocitos de lana, en los que te hundías cada noche, y para mí mente infantil era un abrazo de seguridad.

A veces dormía sola, a veces con uno u otro hermano dependiendo de nuestros momentos.

En mi mente infantil, viven recuerdos de muchos momentos en los estábamos solos, y los tres/cuatro inventavamos historia de esas habitaciones vacías.

Nuestra madre nos solia dejar en “casa” con la puerta cerrada, o a veces en otra habitación exterior que le habían dejado usar al no existir más vecinos, y a la que llamamos la habitación de juegos. Eran dos habitaciones comunicadas, con una puerta exterior al pasillo junto a las nuestras y entre la cocina.

Está habitaciones de juego, tenía una ventana, separada por un marco con otra ventana, que ya era del pasillo. Ventana que usábamos para”escapar” de encerramiento. Y vigilar y descubrir lo que nos rodeaba.

Uno de los intereses que nos ocupaban más tiempo eran algo que no comprendiamos, esas habitaciones cerradas, y sus ojos de cerraduras, por donde buscábamos respuestas a nuestras mentes infantiles.

Mirábamos una y otra vez, buscado diferencias de movimientos, basados en aquellos ruidos que imaginabamos y que eran secretos para nosotros. Nuestros miedos se unían a nuestras aventuras imaginarias de personas escondidas y sonidos secretos.

En estas habitaciones había muebles que solo vislumbramos, en penumbra y que tras cada vigilancia a aquellas cerraduras ocupaban nuestras mentes recordando si algo ya no estaba en su sitio anterior.

Hoy lo recuerdo como un juego extraño. Sin mucho sentido. Pero sin dudas lo que más recuerdo, es esa inquietud, que nos daban esas cerraduras de paso a un mundo imaginario, mezcla de aventura y miedo.

Libre

A veces ser razonable y sensata no es un buen plan. A veces cargar sobre tus hombros con “todo” no es lo ideal. A veces ser tu, puede ser tu error.

Escucho la versión de mi vida con la narrativa de otros. Y escuchar implica dejar tus creencias fuera de lo que escuchas.

Otra versión, otras formas y otras respuestas. Una versión con la liberación externa a tus creencias, a los como debe ser, a las formas y a lo correcto según tu.

Nos encarcelamos en nuestras creencias, en nuestra vida, lo que nos sucedió y como lo vivistes. En como actúas y cómo piensas.

Y quiero ser libre. Escapar de mi carga, y encontrar nuevas opciones.. sin límites, con otras versiones.

Adolescencia y relaciones

La vida, y las circunstancias te descubren realidades, y si eres un poco sensata y reflexiva aprendes que la idealización y las creencias son parte del autoengaño social y familiar.

En mi caso, recuerdo mucho como idealizaba las relaciones familiares y de pareja a través de lo que descubrirás en la televisión. Novelas trágicas y amorosas, comedias familiares donde todos se querían y eran felices y aventuras que siempre acababan bien.

Duramente sufrí esas realidades. Cuando el otro no actuaba como creías debía ser, cuando en tu cabeza imaginabas conversaciones que nunca surgían ni llegaban a ningún sitio. Cuando la aventuras acababan en problemas o en disgusto.

Muchas veces me he dicho que me engañaron. Que no nos enseñan a prepararnos para convivir, a no sufrir o creer o esperar de los otros lo que quizás nunca suceda. Y además entenderlo como natural.

Las relaciones son fuente de problemas constantes, nuestras vidas, giran con relaciones, con familiares, parejas y amigos . Y las normas o creencias que sobre ellas tenemos.

Esa creencias comienzan en nuestra propias familias. Y con como actúan los de nuestro alrededor. Esas creencias te dicen cómo es querer, vivir, actuar, relacionarte, sin plantearte en ese momento si lo que estás creyendo y asimilando como natural, lo es. Si como se relaciona papá y mamá es una buena relación, si hay amor, si comparten o es normal que uno haga lo que quiere el otro.

De adolescente las hormonas te vuelven loca, comienzas a cuestionarte todo, incluso esas relaciones, te desligas de tu núcleo, quieres escapar y quieres ser tu, y distinta, mejor.

Y lamentablemente, según mi experiencia tras ese periodo de buscar y buscarte sin darte cuenta comienzas a repetir, lo que no te gustaba, lo que no ibas a hacer, y empiezas a entender porque actuaban tus familiares y como funcionaban esas relaciones y cuántas pequeñas decisiones cambian constantemente tu vida y futuro.

Ahora, a mis cincuenta todavía me preguntó sobre las relaciones. Todavía me cuesta entenderlas y los porqués que sin duda las mueven.

Ahora, de nuevo convivo con una adolescente, mi hija, y a pesar de la lucha continua contra sus “locuras” me hace recordar profundamente. A mis sufrimientos en esa época, a las dudas, y a los cambios al querer ser, y al ser distinta.

Ella, como yo, es fuerte, aunque también como yo en su época, está insegura. Cree saber, y quiere ser ella, decidir, ser escuchada y hacer a su forma.

Su carácter me trae recuerdo sobre mi, pero también sobre otra persona. Ese otro recuerdo me perturba, por el miedo a que en ella exista parte de ese otro. Tras mi relación, tras su actuaciones y sus formas de pensar.

Y termino con el comienzo. Las creencias se aprenden, las relaciones se acaban imitando y existen pequeñas decisiones y vivencias que nos hacen distintos únicos.

Ojalá.

Verdades y vidas

Contar la verdad para vivir.  El reportaje/ entrevista que remueve conciencias a la TV.

Como si la TV, que siempre ha sido entrenamiento, ha demostrado su lugar, y posición de juez y parte de realidades. Con realitys y entrevistas con máquinas de la “verdad”  a cambio de dinero para el personaje y sin duda a la cadena.  Enfrentándose duramente los posicionados de un lado u otro. Cuál pollo sin cabeza.

Lo curioso es que estás situaciones como la misma protagonista dice, contando su verdad, ya eran vox populi por todos.

Parece ser, que ver la ” verdad”  aunque se esconda mucho, sale a la luz, incluso en las rendijas.

Gestos, respuestas incoherentes, y eso que llaman comunicación no verbal. Algo inherente en el ser humano de reconocer, aún cuando las palabras dicen otra cosa.

Esto me trae a la actualidad la actuación de las personas que no comulgan con las imposiciones gubernamentales en la pandemia, y la incoherencia de las limitaciones que se suponen por “nuestro bien”. En fin.

La otra cosa que me hace pensar en la verdad es, ¿ cuál es la verdad única?. Y como entenderla.

  Si el hecho de contar cómo te has sentido, sufrido, o dolido le da más veracidad a un acto o situación.

  En las relaciones se espera de los demás que sean empaticos, que en caso de  momentos complicados o situaciones extremas, los “otros”, actúen con las reglas morales que cada uno cree o ha sido educado.

  Es claro que no sucede, ni en las buenas y menos en las malas.

  Existen otras “reglas” propias de cada quien, adquiridas por su historia personal y o sus ideales.

  Y es cuando convives cuando  salen a la luz esas diferencias, y aún más en las complicadas.

  Y cuando el bien común ha de compartirse, es cuando más llegan esas “verdades”.

   En la sociedad también se barajan verdades y silencios. Verdades universales y nuevas formas de verlas, desde perspectivas más “sentidas” y menos ajustadas a lo que la sociedad demanda.

Y esto me lleva de nuevo a este canal de TV. Que dibuja verdades y realidades disconforme con la realidad del populo. Y sin embargo, y con sus “verdades” es uno de los canales más vistos. Su programas de cotilleo de vida de los demás ocupa horas y horas diarias y programas que llevan años de emisión.

Y así, ¿Cuál es la verdad?

 

Que ves?

Aprendemos por el tiempo, las experiencias o por el sufrimiento??

Siempre cuento, a quien me quiere escuchar, que yo me imaginaba a mi misma, gracias a esta edad y la experiencia, casi sabia. No es así, aunque también pienso, que es una suerte seguir siendo ingenua, y creer, esperar, que las cosas, personas, pueden ser mejor.

Es mejor, que pensar siempre, que lo peor está por llegar. Desconfiar de los de tu alrededor o perder la esperanza de los posibles cambios.

Hace muchos años, mi hijo por entonces de unos 12/13 años me contó que creía que gracias a haber vivido experiencias difíciles era mejor.

Era solo un niño y su corta experiencia ya le había dado grandes lecciones.

Al contrario, he conocido a otras personas que toda su vidas van dando vueltas a las mismas oportunidades vitales. Sin verlo, sin entender, sin resolver y “sufriendolo”

Las enfrentaciones límites o vitales nos dan oportunidades. Para hacernos saltar o hundirnos.

Y así, llegó al hoy.

A preguntarme porqué.

Personas que no cambian, no ven, sus experiencias solo sirven para culpar al exterior y no son capaces de ponerse en la otra versión de sus historias. Por su bien. Por curiosidad, o por sufrimiento.

Así que me respondo sola. O me equivoco y no entiendo.

Versiones

Y si lo que ves te engaña? Y si lo que crees no es verdad? Y si estás viviendo la versión equivocada?

Hace una días, una página web me descubrió como conseguir movimiento en las imágenes. Algo muy curioso. También ofrecía el dar color a las fotos en blanco y negro.

Y algo tan simple, me descubrió una parte que no entiendo.

La imagen en blanco y negro volvio coloreada, y aparecio el color y dibujo del vestido de mi madre. Me trajo a la memoria el recuerdo de mi búsqueda por ese vestido en el armario, ese dibujo me atraía, y el tacto del tejido. Esa imagen, en blanco y negro era mi recuerdo, y el color dio una nueva parte al todo.

Más imágenes me descubrieron nuestros rostros infantiles, las de mis padres y una nueva versión desconocida.

Como es posible que algo tan simple como ver la una imagen en color demuestre una nueva parte de tu historia y tus recuerdos.

Tengo la impresión de tener unos recuerdos equivocados. Unas nuevas versiones de nuestras caras, nuestros gestos que nunca vi.

Mi hijo me dice que las fotografías confirmaron mis recuerdos, y verlas ahora con un formato natural me da una nueva versión de mis recuerdos.

Y puede tener sentido, pero es difícil de entender.