Esta en ti

Cuando amamos lo hacemos tal como creemos que es el amor, fiel reflejo de ideas y vivencias que han ido formando nuestro ideal imaginario, muy lejano a lo que en realidad es amar.

Películas románticas, frases hechas y hasta revistas nos rellenan  la mente de cualidades e ideales para el otro.  Siempre el otro.

Las relaciones de nuestros padres, vistas desde nuestros ojos de niños, nos marcan la balanza de el dar y recibir en pareja.

 Y a veces, como niños, esperamos esa escena de película, ese momento de protección o la frase perfecta.

Y no llegan.

Somos dos mundos de carencias, reales o imaginarias, que se unen,por medio de sentimientos indescifrables, química cuántica o reconocimiento del uno en el otro. Para buscar. Encontrar. O esperar, que el equilibrio aparezca.

Estaría bien que sucediese. Pero suele suceder, sin embargo, que lo que buscas has de encontrarlo tu, las carencias has de completarlas o descubrirlas  y que todo lo que esperas has de darlo.

 Las energías se balancean..si uno busca quizás el otro se pierda, si uno exige, quizás el otro se incline a dar menos, un juego de equilibrio, difícil de reglar. Tal vez una lucha de egos, tal vez un vacío lleno de necesidad, silencios que gritan, o palabras vacías.

Los sentimientos nos engañan. Nos cuentan lo tristes que estamos, cuánto sufrimos, como no nos valoran y cuánto nos merecemos.

Exactamente igual que al otro. 

Y nos convertimos en seres más y más complicados, cada vez entendiendonos menos y protegiéndonos más, armaduras, lanzas y espada, para pinchar al otro mientras yo sufro. Esperando que me vea, sufriendo y no solo sienta/ reacione a mi golpe.

Una lucha que nos puede acompañar hasta la tumba, enarbolando la bandera de una vida como sufridor profesional. O triste abandonado. Los papeles son muchos, a elegir.

Dentro de la elección, tambien se puede intentar elegir el ver, ver al otro, con su propio dolor, sus vacíos, sus carencias y comprender.

No andar su camino. Ni empujar .

 Contemplarnos con amor, aceptar sin sufrir, y aprender. Aunque solo sea por el placer de reconocer que eso que les pasa a otros, también está en ti.

 

  

 

Despertando

Miraba fijamente sus ojos buscando respuestas en el fondo de ellos, algo asi como un milagro de inspiración divina que trajese la respuesta a sus miles de preguntas.
No entendía nada de cuanto le sucedía, ni a su familia, ni a los que le rodeaban. Últimamente sus ojos irritados por sus continuos llantos no hacían sino buscar en el vacío sin respuestas.
Se sentía fuera de todo lo que le rodeaba, su historia, su familia.
A sus quince años, poco mas podía hacer, intentar ser oída, intentar ser , aunque todo eso implicaba continuar la guerra. Imaginaba si un día recordaría todo con otra perspectiva, como un mal sueño. Sonaba muy peliculero.

Cuarenta años mantienen la misma mirada, el mismo buscar y las mismas mil dudas. Despierta cada mañana buscando su imagen en el espejo. El tiempo ha sido amable con ella y le ha regalado una miopia que le impide ver sino una borrosa figura a la que intenta reconocer. Estira su cuerpo para almenos reconocer esas cotidianas molestias, y aunque sigue preguntándose por cual es su sino, se siente feliz por estar un día mas, por tener lo que tiene y enfrentar sus luchas, por sus miedos, y porque sabe que será capaz de vencerlos todos. Desde la mirada de esos ojos rojos y las miles de lagrimas derramadas, desde la profundidad de la que escapa cada día y desde el amor que intenta vislumbrar como su imagen borrosa en el espejo de cada despertar.