Recuerdos

Volver a nuestra tierra, emocionalmente ha sido como hacer un repaso por lo que ya creía pasado.

 Todo ha vuelto a la mente como si el hecho de vivir en otra comunidad lo hubiera ocultado.

No fue así, ni entiendo porque lo es ahora. Pero así es mi emocionario, va por libre.

Quizás haya tenido que​ ver​, el recuperar las voces, el clima, los ritmos.

Han pasado por mi diario las personas, lo ocurrido, con una nueva perspectiva, y otras emociones.

Curioso, rememorar y que nada sea lo que fue. Más aún cuando no es un acto premeditado.

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Morir/nacer

De un tiempo a esta parte, la muerte pasea ante mi mostrándome sus diferentes caras. La enfermedad, la angustia, el miedo, la negación y la aceptación y el deseo de abrazarla en tranquilidad. 

   No me pregunto sino que más debo ver que no conozca ya, aunque esta claro que desde el papel de observadora.

  Desde muy pequeña ya tenía en mi,mi creencia particular sobre ella, y ha sido con los años cuando he sido capaz de entenderlo y aceptar que unas creencias así venían conmigo.

  Siempre me entristeció el dolor de los familiares, perdidos en sus laberintos y miedos. Y me dolió,  la falsedad que representa toda la parafernalia de morir.

  Como se dice, ni morir en paz es a veces posible, y  si ya hablamos de dejar morir nos perdemos. Sólo entender que hoy por hoy es un delito intentar quitarse la vida, o ayudar a otro/a a morir ya es bastante complicado.

En estos días de vacaciones, como casualidad acompañe a una amiga en el tanatorio. Había muerto su familiar, y por causalidad, pasábamos por allí, y la acompañamos.

 Nos relató entre lágrimas la lucha final por morir, y  las palabras del moribundo entre las que estaba  el deseo  de estar ya en paz y descansar, una idea que le parecía feliz. Palabras que desde los familiares eran interpretadas con dolor y  miedos. 

   Y sin embargo tan cargadas de humanidad y serenidad que me sorprendieron. Pensé en mi propia muerte, y en como querría aceptarla y entenderla así. 

   Supongo que desde mi sillón y mis años quizás parezca que mis ideas/ palabras son sin fondo. Pero no tengo deseo mayor que el de que mis familiares vivan mi muerte de una forma natural, nacemos y morimos. Y acepten que esté equivocada o no , mis creencias me dicen que no hay dolor, ni tristeza, y que el cuerpo es solo un envase.

  Quiero creer que  quizás llegue un día donde la humanidad también incluya el morir.

  De momento, continuo mi papel de observadora, aprendiz. 

Volar

Hay momentos en los que los fantasmas del pasado se hacen más presentes que nunca, aunque no creas en esas cosas o quieras racionalizarlo. Y en la noche cuando el inconsciente es lo único que trabaja se materializan en forma de sueños, imágenes sin sentido o frases que quizás significarán algo en un contexto.

Por la mañana cuando nuestro cerebro racional despierta, interpreta esas locas ” ideas” de acuerdo a eso q llamamos vida , que a la vez no es más que un cúmulo de ideas trasmitidas dentro de nuestro entorno, bien por experiencias adquiridas, bien por miedos o de nuevo por inconscientes familiares de lealtad a la familia o a creencias grupales.

Visto esto, me quedo con mi noche de fantasmas, sin ideas, sin juzgar, y aceptando la locura de estos sueños..Que esta noche me contaron secretos que no soy capaz conscientemente de entender, ni espero.

También me dejaron una frase, qué tampoco comprendo, pero que me quedo.

Vuela mariposa, vuela…

Imaginaré mis alas, llenas de colores, y arranco el vuelo, por este día frío . Volar le colocará sonrisas, y algún que otro color al entorno…! A imaginación no me gana nadie!!

Lorca , bodas de sangre

rosa¡Porque yo me fui con el otro, me fui! . Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua fría y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!, yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos