Niños

Mis primeros recuerdos de mi vida están arraigados a una gran vivienda, una  casa de vecinos con mucha habitaciones cerradas, grandes pasillos, una cocina común que solo usábamos nosotros , un baño único en un gran patio y un corral para caballos que nunca vimos.

Como vivíamos solos en la segunda planta, no encontraba diferencias en como vivían los de mi alrededor. Nuestra vivenda eran tres habitaciones comunicadas, un comedor al que se entraba directamente y dos dormitorios a cada lado del mismo. El de mis padres, a la derecha, y el nuestro a la izquierda. Tres camas, y cuatro niños. Íbamos rotando de cama según circunstancias.

De mi cama recuerdo tener que sacudir el colchón cada día, hecho de trocitos de lana, en los que te hundías cada noche, y para mí mente infantil era un abrazo de seguridad.

A veces dormía sola, a veces con uno u otro hermano dependiendo de nuestros momentos.

En mi mente infantil, viven recuerdos de muchos momentos en los estábamos solos, y los tres/cuatro inventavamos historia de esas habitaciones vacías.

Nuestra madre nos solia dejar en «casa» con la puerta cerrada, o a veces en otra habitación exterior que le habían dejado usar al no existir más vecinos, y a la que llamamos la habitación de juegos. Eran dos habitaciones comunicadas, con una puerta exterior al pasillo junto a las nuestras y entre la cocina.

Está habitaciones de juego, tenía una ventana, separada por un marco con otra ventana, que ya era del pasillo. Ventana que usábamos para»escapar» de encerramiento. Y vigilar y descubrir lo que nos rodeaba.

Uno de los intereses que nos ocupaban más tiempo eran algo que no comprendiamos, esas habitaciones cerradas, y sus ojos de cerraduras, por donde buscábamos respuestas a nuestras mentes infantiles.

Mirábamos una y otra vez, buscado diferencias de movimientos, basados en aquellos ruidos que imaginabamos y que eran secretos para nosotros. Nuestros miedos se unían a nuestras aventuras imaginarias de personas escondidas y sonidos secretos.

En estas habitaciones había muebles que solo vislumbramos, en penumbra y que tras cada vigilancia a aquellas cerraduras ocupaban nuestras mentes recordando si algo ya no estaba en su sitio anterior.

Hoy lo recuerdo como un juego extraño. Sin mucho sentido. Pero sin dudas lo que más recuerdo, es esa inquietud, que nos daban esas cerraduras de paso a un mundo imaginario, mezcla de aventura y miedo.

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