Felicidad en gotas

No puedo dormir, cosa de tratamiento con valium y dejar de tomarlo imagino. Y mientras escucho la ( terrible) respiración de mi acompañante de cama ha venido a mi mente una bonita idea, que me acompañe hasta el dulce sueño.
  Recordar todos esos instantes  especiales, que se guardan como un tesoro en mi mente por la sensación que me provocaron .
  Remontarme a más antiguo es difícil.

Había una especie de historia que yo creía haber inventado de pequeña, en ella, yo veía a mi madre y ella me miraba, me hablaba, pero yo solo veía su cara y quería estar a su lado. Así que no se como, me acercaba, impulsaba, no se. Y una felicidad increíble me llenaba. Esto hasta que sin saber porque ella desaparecía y no tenia mas recuerdo de esta historia.
   Tendría como 16 años cuando en plan un poco bobo le conté este medio cuento , medio sueño a mi madre.  Ella se extraño y se quedó muy pensativa.
  Eso me hizo preguntar más. Y me explicó, ella creía que no podía ser, pero tal como yo le conté esta anécdota fue lo que acudió a su memoria.
    Yo aún no caminaba, y estaba a cuidado de unas vecinas mientras mi madre junto con otras hacia su turno del uso de las pilas de lavar que existían en la casa de vecinos.
   Al parecer, yo la escuché hablar, y estaba en un taca taca de la época. Y ni corta ni perezosa corrí hasta ella.
  Resultado, golpe y supongo rebote, por la diferencia de tres peldaños de los de antes…cemento y piedra, que separaba el patio lavadero de otro espacio, pasillo supongo, u otro patio más exterior.
   Este es mi primer recuerdo, creo que verdadero, de un instante de felicidad.
  La voz de mi madre, y su cara, y mi necesidad de estar junto a ella.

Da que pensar.
Buenas noches.

Las cosas como estaban.

Vestía de negro de los pies a la cabeza, incluyendo un pañuelo anudado firmemente que enmarcaba su cara. Era una mujer silenciosa diría, excepto cuando comenzaba con los avisos. De complexión grande, aunque el negro la convertía en una figura desdibujada de formas. Con un acento extraño, que con los años aprendió era gallego, lengua que mezclaba sin querer en sus conversaciones.

Habitualmente con la compra diaria solía traer la botella , pero había días como este en el que se repetía la rutina de la llamada.

Todas las veces intentaba evadir aquella orden, a pesar de poder esquivarla muy pocas.
La encontraba casi siempre sentada en una silla baja, astraida en sus pensamientos, rara vez descubría la novedad del sonido de la radio, que actuaba como banda sonora de lo que allí sucedía.
Se quedaba en la puerta esperando a ser vista, aunque de sobra sabía que tendría que entrar llamándola en voz fuerte para llamar su atención.
Le daba extrema vergüenza llamarla por su nombre,  aun más cuando usaba un diminutivo, y le parecía incoherente, un nombre así para una mujer que por edad podría ser su abuela.
Esta vez enseguida la vio, y desde la misma silla con gesto cansado le grito invitándola a llegar hasta ella. Y con paso rápido pero dudoso ando esos metros que las separaban.
Una vez delante de ella espero a que le preguntase, con ganas de salir lo más rápidamente de aquel sitio.
Era un local con dos habitaciones que permanecían vacías, con aspecto desangelado, con sus paredes blancas y aquellos suelos con dibujos geométricos tan habituales en esa época.  Solo las cajas componían el mobiliario, cajas de vino, cerveza y otras bebidas, que su dueña movía no si esfuerzo una y otra vez ordenándolas de un lado a otro.
Siempre se lleva lo mismo, siempre la misma botella de vino blanco y no comprende porque cada vez que le toca venir tiene que repetirle como si fuese la primera vez, como si no recordase , en cambio aquella retahíla de frases repetidas no las olvidaba nunca.
Solía empezar nada más mirarla de arriba a abajo mientras ella repetía la frase con el pedido.   Y siempre le advertía a que además memorizarse bien lo que le decía,  y llegado el caso lo recordase.
Ella ponía cara de seriedad que mejor le salía y la observaba, esperando que volviese con la botella para salir lo más rápido posible.

Y era entonces cuando comenzaba los avisos; ya sabes lo que tienes que hacer? Ya te ha avisado tu madre sobre los hombres? Sabes que no tienes que acercarte a ellos, y lo que tienes que hacer si te llaman?

Fingía cara de interés, y gesticulaba con la cabeza, dando a entender que si, que ya sabia todas esas cosas. Mientras movía las piernas apoyando el peso de una a otra para de esas forma evidenciar que tenia prisa.

Y de nada servia.

Sabes lo que tienes que hacer si te ofrecen algo?. Tu corre, si te llaman, no te acerques si no hay gente delante, y aun así, si te dan algo no lo cojas, ni les acompañes, si te dicen algo feo, tu grita, grita para que la gente se acerque, o te vas corriendo donde haya gente.

Mientras se movía lentamente hasta las cajas, movía una, y otra, comprobaba cuantas botellas le quedaba, y las observaba decidiendo si era de allí donde cogería su botella.

A veces viendo la indecisión, se acercaba, pero solo si reunía el valor. Entonces se ofrecía a coger la botella directamente, señalando el lugar donde estaban y aquella señora parecía no recordar.

Eso algunas veces la sacaba de sus ensimismamiento, otras servia para que la cogiese del brazo y acercándose mas, continuase con sus avisos sobre los hombres y todas sus tretas.

La escuchaba paciente, asintiendo con la cabeza, y algunas veces reunía el valor para decirle que se tenia que ir.

Entonces, ella reaccionaba mirándola de nuevo de arriba a abajo, y lentamente le daba permiso, no si recordarla que mantuviese todo en su cabeza llegado el momento, ya que no sabia lo malos que podían ser los hombre, por ser aun pequeña, y ademas con ese cuerpo, ese cuerpo ya desarrollado que tanto podía llamar la atención, porque los hombres ya se sabia, solo le interesaba lo mismo, y ella, ella llamaba la atención. De echo, no sabia como su madre no la advertía de todo eso, ni la dejaba salir así, sola, con las cosas como estaban.

                                                          Anciana-luto1

Aceptación

La política ha dejado huella en esta tierra donde vivo, la política así en grupo, porque prefiero no meterme en quien o quienes.

A tal nivel, que molestan los gestos, los carteles y las palabras. Cosas que para otros, como yo, pasan desapercibidos.

Los niños, dicen, los niños no deben saber de política, ni ver carteles parece ser.. y sin embargo no parece molestar que seguro, vean las diferencias, en un mundo que debería ser plural.

Las marcas de ropa, las salidas, las diversiones, todo marca diferencia en grupos, la búsqueda de paralelismos, los gestos, las formas  y la falta de aceptación a los que consideramos distintos.

La hipocresía cae de todos lados, como las miradas furtivas, y solo nos duele el daño propio. Qué lejos estamos y que alto nos consideramos

..

“Ver”

Los pequeños nos sorpenden constantemente por su simplicidad. Desarmando los argumentos aprhendidos en nuestr@s conciencias  que nos empujan ha hacer sin mas.

Conversacion 8,10 h que intenta convencer, hay de levantarse.

M–Venga¡¡ despierta que tienes que ir al cole,

–te llevaré en pijama

–Vengaaa

Porque tengo que ir al cole?, no quiero levantarme, dejamen dormir mas¡¡

M–Tienes que ir al cole a aprender¡¡

Ya he aprendido

M–Tienes que aprender mas¡¡

Pues que me manden tareas para casa¡¡¡

Imagen

Lo que hay que oir

Conversación entre mi hija y su amiga, mientras cepillan una y otra vez el pelo estropajo de sus muñecas…

–La vida es que es así

Mirada de mi peque a su amiga, en la que parecía decir, siii ya lo se….

Mis orejas se estiran intentando escuchar esa interesante conversación..

–Pues lo que te digo, la vida es así de cambiante, cambia todo el rato…

¡¡ahhh¡¡ y nosotros aquí sin saberlo…

Olentzero

He descubierto un bonito cuento, que forma parte del vivir de estas tierras, y si algo merece la pena es mantener tradiciones tan bonitas como esta, aqui os dejo el cuento, seguro que muchos lo conoceis, para nosotros ha sido un descubrimiento, precioso..

En los bosques de euskal herria, hay muchos tipos diferentes de criaturas que la gente no puede ver. Todas ellas son parte de la naturaleza, y la gente ha escrito muchas historias y fábulas acerca de ellas. Cuando caminamos a través de nuestras montañas y nuestros valles, desde un rincón maravilloso de la imaginación ellas nos mantienen acompañados y nos cuidan.

Esta es la historia de uno de aquellos seres, la historia del Olentzero, un hombre humilde que con su amor entra al corazón de todas las criaturas, reales e imaginarias

Erase una vez, hace muchos, muchos años, en los profundos bosques del País Vasco, un hada muy hermosa viviendo allí. Su cabellera era amarilla como el sol y sus ojos eran muy brillantes. Como todas las hadas, ella cuidaba de la gente y siempre estaba acompañada por algunas criaturas pequeñas y divertidas, como los duendes, llamados Prakagorri, o "pantalones rojos", que la ayudaban en su trabajo.

Un día, cuando ella iba viajando a través de las montañas, ella se detuvo para peinar sus cabellos junto a una fuente. De repente, los Prakagorris le anunciaron que algo se estaba moviendo entre los helechos. El hada continuó peinando y peinando sus rizados cabellos y no se dió cuenta de nada hasta que los Prakagorris gritaron llamando su atención. "Es un bebé humano" dijo el más viejo de los duendes. "¿Por qué lo dejaron aquí?" dijeron todos los Prakagorris a coro. "Yo no sé" dijo el hada, "es difícil de comprender como los humanos pueden ser tan desalmados algunas veces”

Desde ahora," le dijo el hada al bebé, "tu nombre será Olentzero, porque es una cosa maravillosa haberte encontrado. Y por este acto te daré los regalos de Fuerza, Coraje y Amor, por todo el tiempo que tú vivas." Entonces el hada tomó al bebé y lo llevó a una vieja casa en el límite del bosque donde vivían un hombre y su mujer que no tenían niños.

"Ellos estarán muy, muy felices de recibir este chico y lo cuidarán muy bien, lo sé" dijo el hada, y ella dejó al niño allí en frente de la puerta para ellos. Muy temprano en la mañana, cuando el sol comenzaba a levantarse, el hombre salió de la casa para ordeñar a las vacas. El se sorprendió mucho al ver al bebé, y llamó a su esposa: "Mi amor, ven aquí rápidamente! Ven a ver lo que he encontrado!" Tal como el hada lo había predicho, el hombre y la mujer fueron muy, muy felices al encontrar a este chico. "Qué afortunados hemos sido!", dijo la mujer.                  E inmediatamente ellos cubrieron al niño con una cálida frazada y le dieron algo de comida, y ellos lo tomaron como su hijo.
Y así fue como Olentzero llegó a crecer en aquellas maravillosas montañas, hasta que se convirtió en un fuerte, saludable y amable hombre. Sus padres fueron muy felices y Olentzero no estaba en absoluto preocupado por la extraña forma en la cual sus padres llegaron a encontrarlo.

Olentzero trabajaba todos los días de la mañana a la noche, haciendo carbón y ayudando a su anciano padre. Después de muchos años la anciana pareja quienes habían sido los amorosos padres de Olentzero finalmente murieron y Olentzero se quedó muy solo en la casa en el bosque.

Los años vinieron y se fueron y su cara comenzó a arrugarse y su cabello comenzó a ponerse blanco.
El vivir solo lo volvió triste y se dió cuenta de que lo que necesitaba hacer era ayudar a otras personas que lo necesitaban. El recordó que en el pueblo había una casa en la cual vivían algunos niños que no tenían padres. Ellos vivían de cualquier cosa que la gente del pueblo les llevara, y él se dió cuenta de que esos niños eran muy solitarios, justo como él, y de que él podría hacer cosas para ellos de modo que fueran felices.

Olentzero era muy inteligente y muy bueno haciendo cosas con sus manos, de manera que hizo algunos juguetes de madera para aquellos niños: pequeños juguetes y muñecas, que el podría llevar a los niños cuando  fuera al pueblo a vender su carbón.  “Cuando él terminó las muñecas y muñecos, los puso en una gran bolsa, puso la bolsa sobre su burro, y marchó hacia el pueblo. Él se sintió muy feliz por dentro aquel día, y sus ojos refulgieron con mucha brillantez.

Le tomó toda la mañana caminar a través de las montañas hasta llegar al pueblo, pero estaba muy feliz. El sonreía como si estuviera en un sueño, porque estaba yendo a llevar a los niños los juguetes que él había hecho.

Los niños pequeños del pueblo estuvieron muy felices cuando recibieron sus regalos y Olentzero se pasó la tarde jugando con ellos y contándoles las historias que había aprendido de su padre cuando él era pequeño. Los niños y niñas amaron mucho a Olentzero y después de aquel día ellos no se sintieron tan solos como antes. Olentzero se volvió muy bien conocido en aquel pueblo. Cada vez que él se acercaba, rápidamente era rodeado por los niños.

Esto sucedió por muchos hermosos y felices años, pero una vez hubo una terrible tormenta en el pueblo y en las montañas de la periferia, la cual destruyó muchas cosas. Los fríos, fuertes vientos y el sonido de los truenos dejaron a la gente muy asustada y trastornada, especialmente a los niños.

Un día, cuando Olentzero estaba yendo al pueblo,  vio un rayo alcanzando a una casa. Corrió muy rápido hacia la casa y vio algunos chicos en una de las ventanas, muy asustados, gritando y pidiendo ayuda. Sin excitación el llegó hasta la casa, que estaba en llamas, cubrió a los niños con una brazada para protegerlos del fuego, y los sacó de la casa a través de una ventana en el primer piso.
Pero mientras él estaba tratando de salir, una viga de madera vieja y grande del cielo raso cayó sobre él. Olentzero cayó con gran dolor, y su fuerte y hermoso corazón se detuvo. Las personas en el pueblo lloraron cuando vieron la casa en llamas, y supieron lo que había ocurrido, y se dieron cuenta de que no había nada que ellos pudieran hacer.

Pero en ese mismo momento fueron sorprendidos por una brillante luz que salía de la casa en llamas. Nadie podía ver lo que estaba ocurriendo adentro. Pero dentro de la casa, el hada que había encontrado a Olentzero en las montañas, cuando él era un bebé muchos años atrás, apareció junto a Olentzero y comenzó a llamarlo por su nombre con su dulce voz: Ella dijo: "Olentzero, tú has sido un buen hombre, lleno de fe y de buen corazón. Has dedicado tu vida a hacer cosas para los demás, y has dado hasta tu propia vida para salvar a otras personas. Por lo tanto no quiero que te mueras. Yo quiero que vivas para siempre. De ahora en adelante tú harás juguetes y otros regalos para los niños que no tienen padres en este pueblo y en todos los rincones del País Vasco."

"Y nosotros te ayudaremos!" dijeron todos los Prakagorris, volando alrededor de Olentzero.
Y así fue como vino a pasar que, en la mitad de cada invierno, al final de cada año, Olentzero va a todos los pueblos del País Vasco repartiendo juguetes y regalos a los niños que no tienen padres ni abuelos que les hagan regalos. Los niños de todos los pueblos celebran la llegada de Olentzero cantando canciones y esparciendo su mensaje de amor, fuerza y coraje. Algunas personas no creen que Olentzero realmente exista. Pero entre los vascos hay un viejo dicho:
"todas las cosas que tienen un nombre existen, si nosotros creemos que existen". "

 

 

Cosas que no hay que hacer

    He destrozado el teclado de mi pc. Me salio la listilla que llevo dentro. Y todo por querer escribir un guión bajo.

   Quería agregar un correo que incluía ese guión, al ver que no salía pensé que como mi teclado, el pobre, se lleva muchos golpes pues, estaría deslizada la plantilla de las teclas.

  Así que inteligente de mí después de comprobar como las teclas no marcaban aquello que debían, me decidí a arreglarlo.

   Grave error, no se os ocurra. Aunque por dentro es bonito, después es imposible de reconstruir, ahora lo se, tarde, pero lo se.

   Así que me ha costado pasarme la tarde montando y desmontado, intentando colocar lo incolocable.

  Yo que pensaba pasarme la tarde con los pies en agua calentita para recompensarlos de siete horas de trabajo de pie……

   Bueno, cabreo, tarde perdida, viaje al pueblo de al lado (11 Km.) a comprar otro nuevo, eso si, son baratos desde 10 eurillos lo que quieras…

    En fin, si de algo os sirve el consejo…..no abráis un teclado