Recuerdos

    Pienso  en mis recuerdos de Semana Santa, lo primero que viene a mi mente es un olor. El olor de azahar de mi pueblo en esos primeros días de primavera, flores de naranjos que vuelan empujadas por el viento fresco de la noche y el recuerdo de mi madre diciéndome abrígate que luego hará frió.

    Desde muy pequeña, para mi el paso de esos grandes tronos era todo un espectáculo, en el que no solo el paso en si era lo importante sino todo lo que alrededor surgía. La expectación de muchas personas, palabras y rezos a media voz. Las miradas fijas y ojos llenos de esperanza que buscaba en la gente que me rodeaba y encontraba sin cesar.

    El silencio en el que solo se oía el roce de las alpargatas en el suelo, y las órdenes del capataz. El olor de incienso que impregnaba toda la calle, y a veces hasta  mi pelo y yo buscaba en la cama cuando recordaba lo vivido de la noche.

    Recuerdo el arroz con leche que nos esperaba después de horas de andar de un lugar a otro del pueblo, buscando el mejor sitio para ver la procesión. El cansancio de niños a los que los zapatos les han hecho rozaduras y  toda aquella expectación que nos robo el sueño.

   Nos dormíamos comentando lo vivido y sintiendo aun en el estomago el retumbar de los tambores que emocionaban y asustaban a la vez.

    Recuerdos de niños, con sabor a dulce, a cariño y emoción.

                         

 

 

3 opiniones en “Recuerdos”

  1. Lástima que esta Semana Santa la mayoría de los niños sólo tendrán el recuerdo de las lágrimas de los cofraderos que vivían con verdadera angustia la NO salida de su cofradía.
    Mira que la lluvia es necesaria, pero esta semana ha sido de lo más inoportuna.
    Ya lo dice el refrán: nunca llueve a gusto de todos.
     
    ¡ Salud !

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  2. Esos recuerdos también los tengo yo, pero mucho más atrás que los tuyos y en un Madrid lleno de beatería, represión y hambre. Sin embargo la Semana Santa era algo que nos impregnaba de tristeza. Tan sólo podías escuchar música sacra y clásica en las emisoras de radio, lo más alegre podía ser una saeta. En los cines cambiaban las películas por temas de la pasión de Cristo y temas de romanos que lanzaban cristianos a los leones. Pura alegría rodeada de mucha hambre. Eso nunca se me olvidará, porque la sufrí de niño.
    Ahora es otra historia y se vive turísticamente. Como una farsa. Como lo que fue siempre.
    Besos.

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