Octubre

Mi peor lucha siempre ha sido contra mi.

Mi mejor lucha ha sido para mi.

Harta de buscar, de creer que mil opciones exteriores cambiaran mi interior.

Las cartas me fueron dadas, y siempre he tenido la percepción de que todos jugaban mejor que yo…

Seguramente solo esta percepcion me ha convertido en una perdedora, solo mis heridas abiertas hieren, sin necesidad del otro.

Miles reflexiones, busquedas, concienciación, empatía, escuchar, querer ver, conocer, dar espacio, despertar, respetar, aceptar, colocar,emocionar.

Nada sirve.

Cuando el conocimiento no se acompaña de amor propio. Querer al heroe y creérselo.

Llegué con dones que he desperdiciado, porque me permití rodearme de otros aún mas heridos que yo.

Quise empatizar, compartir, aprender buscando respuestas, y solo me rodee de más guerras perdidas. Mas heroes enterrados que en su caida desgarraban a los demás.

Dolor compartido solo aumenta más dolor.

He perdido el brillo de los milagros, a base de no creerme singular.

Disfruté de sus brillos y fui capaz de vibrar con lo que creía suerte, justo no reconocerlo me llevo de nuevo a la herida.

¿Y ahora?

Caos desordenado

El miedo escapo huyendo…..curiosa forma para algo que se suele mantener agarrado a su victima.

El pulso estuvo a punto de cantar desde mi garganta, pero una extraña fuerza surgió desde mi estómago y sin presión mantuvo su latido acelerado, queriendo con ello inventar la serenidad que no tenía.

La mente silenciosa era incapaz de dar respuestas o inventar, solo se escuchaba el sonido de tiempo, llenándose de miradas y respiraciones mantenidas.

Y nada sucedió. Cada gota de el medicamento/ veneno resbalaba lentamente sin sonido, entrando en mi cuerpo a través de esa aguja, por mi vena, esparciéndose lentamente.

Y la vida común continuó, solo mi mirada, mi idea inventada, y el miedo cambio la escena.

Pude respirar, calmar el latido de la garganta y sonreír por mi….pobre niña asustada y perdida.

Luces

Han pasado días, semanas de búsquedas e intentos.. Intentos de aprender y comprender.

Socialmente parecemos iguales, exceptuando a personas que rápidamente identificamos como problemáticas, bien por su situación social o por su estado mental.

Pero realmente somos muy distintos y casi sin querer gracias a nuestras habilidades sociales, o inteligencia emocional nos colocamos en grupos o etiquetamos a los demás.

Naturalmente para que la sociedad funcione, vender nuestras mejores versiones es lo habitual, solo para habituales nos mostramos como realmente somos. Y aún así también queremos engañar, porque a nadie le gusta mostrar su peor cara, en un intento imposible de ser siempre perfecto. Perfección que no es natural, ya que nuestras incongruencias son precisamente la que nos hacen ser.

Sociopatas, sicópatas, narcisista, ególatras, dependientes, no son sino una cara de lo que nos rodea, pintado de normalidad.

La mayoría de estos trastornos tienen su base en la formación de estas personas en su infancia, existen informes,teorías y estudios.

A mí me hace reír una frase muy sintomática de esta sociedad, dice”en todos los grupos hay un gilipollas, si en tu grupo no lo encuentras, mira a ver si eres tú”

Durante bastante tiempo he creído ser la gilipollas, hasta que he empezado a preguntarme el significado de la palabra y comportamiento de los demás.

Decir las cosas como sientes, suele desarmar a los demás. Decir lo que no quieres de forma clara, ofende a los demás. No dejarte utilizar, molesta a los demás.

Esto se puede aplicar a grupos de amigos, a familia y demás.

Así que acabas siendo la loca, o gilipollas del grupo. La realidad es que los otros son realmente los imbéciles, que tras un tiempo sin más remedio has ido mostrando su caretas que evidentemente no quieren aceptar.

La redes sociales ayudan aún más, ya que incluso a personas que no tratas habitualmente, se empeñan en mostrar una y otra vez su mejor cara que desde un móvil como si lo normal fuera esa felicidad continua sin más problema que el viaje del soñado con fotos, el modelito perfecto o la moto.

La realidades acaban mostrándose. Y precisamente esos tan afectados de la”intromisión”de esta imagen, son los que etiquetan a los otros de tóxicos, gilipollas o imbéciles.

Mi preocupación es como librarme de ellos, o al menos librarme de su manipular.

Aunque también comprendo, que como la luz, solo la oscuridad nos la puede enseñar.