Ciegos y tuertos.

Vivir en país de los ciegos no te hace rey.

Pero si te empuja a chocar con muchos de ellos.

Unas veces esquivas por el lado bueno, otras te los tragas por el ángulo muerto.

Y de ninguna de las dos formas sales íntegra.

Dependiendo del ánimo, eres capaz de acompañar una sonrisa….o echarte a llorar.

Triste. Es el estado natural que me acompaña, acompañada de nubarrones de ira.

A veces la suerte me acompaña y los ciegos pasean al sol. Eso te deja fría, pero libre, libre de saltar, gritar y imaginar un futuro imposible.

Algo que me vuelve a estado triste.

A veces cuando se desbandan,en el lugar quedandote quieta, te encuentras con algún tuert@ como yo, y si nos coincide el ángulo bueno, disfrutamos de conversaciones increíbles, tristes también , pero que con la compañía y el brazo de otr@ hasta te parecen divertidas y producen calor.

Y así pasa el tiempo, o la vida, o no pasa y sólo repetimos el acto de cara a la audiencia…quizás son los focos los que no me dejan ver..quizás.

cantos de sirena

Sentirse fuera, desvinculada es duro. Extraña entre los tuyos, viajera em tu pais, etérea en las ideas.
Supongo que aunque todo esto no se elige, debe ser parte de un plan. De una respuesta, de la cual aun no se la pregunta.

Mi percepción va cambiando y sin embargo cada vez veo mas camino y más que comprender.

La compasión, hacia mi y los míos. !Cuanta dureza! Cuanta ceguera domina nuestros días y que poco se esperar.
Mi mayor consuelo, mi proyecto futuro, mi esperanza y alegría.
Su independencia, seguridad, y ver como son capaces de ver, me llena de alegría. De esperanza en el futuro y de satisfacción por el trabajo y el camino.

Tengo que arreglar la conexión entre mi cuerpo y mi mente.
Pero lo voy dejando.
Porque mi cuerpo recuerda las caricias ausentes.
Porque mi mente ve los agujeros insondables.
Tengo que arreglar la conexión entre mi cuerpo y mi mente.

Luche como una valiente contra la muerte. Sonreí cuando su mano se agarraba a mi tobillo.
Enfrente el silencio y el vacío frio del sin amor.
Los miedos escondidos bajo disfraces adultos.
Las miradas silenciosas, los gritos nocturnos.
Todo ello solo por la esperanza del gran tesoro. La recompensa ilusoria que jamas llegó.
Tras la dura batalla brillan las marcas, que recuerdan cada intento de pedir misericordia tras el escudo.
Las lágrimas tras cada lanzada esperando que mi protegida se apiadase de mi. Que viese mi valor y recompensase mi dura lucha.
Aun así, lo volvería ha hacer. Buscaría el tesoro luchando contra el gran dragón.

Ahora la contemplo en su soledad, aquella por la que defendí lo indefendible, veo su pequeño cuerpo, enjuto. El miedo tras su mirada, y el frio.
Yo que lo di todo por ella, hoy la acompaño con mi compasión.
La escucho cantar hazañas, exagerar afrentas y juzgar a todos a su alrededor.
Todo se mide por la longitud de su mano, todo se ordena bajo su mirar.

Ella que nunca supo cuanto valia su vida y cuan duro luche por cuidar.