Papá

Anoche te pensaba, sin más, dispersaba ideas y venias tu.

Fue un olor lo que te trajo, manzanilla, apareció en mi memoria, sin saber porque. Esa que nos traías desde el campo, con un manojo atado con una cuerda, y tu sonrisa de orgullo, y satisfacción. Te encantaba traernos esas pequeñas cosas, incluso en tus bolsillos escondidas, quizás esos momentos felices no supimos valorarnos lo suficientemente.

La vida se luchaba en cada segundo ,casi sin tiempo a ver el porqué de cada que.

Bendita inocencia que tapaba la incongruencia de las realidades, duras, feas y crueles.

Vivir en un barrio “malo” nos hizo más fuertes, valientes y luchadores.

Todos los hijos a cierta edad creen que sus padres son idiotas, desfasados y que no entienden el mundo que ven .

El tiempo también nos devuelve ese golpe, y desde ese puesto ahora miro a mis hijos.

Cuánto desearía hoy en día que nos vieras, a todos, hijos y nietos. Podría decirte cuánto te hechamos de menos y como lo hicistes de bien.

Ayer recordaba esta fecha, sin saber que lo era hoy. He tenido que buscarlo para creer.

Recordaba tu cuerpo, ya sin ti, y tu gesto tranquilo, y tú pelo, ya crecido de nuevo, blanco y rizado que acaricé.

Han tenido que pasar estos años para quererte, y aprender. Y verte, en nosotros.

Para mí, tu recuerdo es esa imagen que guardo con amor, tú un pequeño niño, con cara inocente, junto a tu hermana, preciosa, con la inocencia en vuestros ojos , por siempre.