Ciegos y tuertos.

Vivir en país de los ciegos no te hace rey.

Pero si te empuja a chocar con muchos de ellos.

Unas veces esquivas por el lado bueno, otras te los tragas por el ángulo muerto.

Y de ninguna de las dos formas sales íntegra.

Dependiendo del ánimo, eres capaz de acompañar una sonrisa….o echarte a llorar.

Triste. Es el estado natural que me acompaña, acompañada de nubarrones de ira.

A veces la suerte me acompaña y los ciegos pasean al sol. Eso te deja fría, pero libre, libre de saltar, gritar y imaginar un futuro imposible.

Algo que me vuelve a estado triste.

A veces cuando se desbandan,en el lugar quedandote quieta, te encuentras con algún tuert@ como yo, y si nos coincide el ángulo bueno, disfrutamos de conversaciones increíbles, tristes también , pero que con la compañía y el brazo de otr@ hasta te parecen divertidas y producen calor.

Y así pasa el tiempo, o la vida, o no pasa y sólo repetimos el acto de cara a la audiencia…quizás son los focos los que no me dejan ver..quizás.

Felicidad en gotas

No puedo dormir, cosa de tratamiento con valium y dejar de tomarlo imagino. Y mientras escucho la ( terrible) respiración de mi acompañante de cama ha venido a mi mente una bonita idea, que me acompañe hasta el dulce sueño.
  Recordar todos esos instantes  especiales, que se guardan como un tesoro en mi mente por la sensación que me provocaron .
  Remontarme a más antiguo es difícil.

Había una especie de historia que yo creía haber inventado de pequeña, en ella, yo veía a mi madre y ella me miraba, me hablaba, pero yo solo veía su cara y quería estar a su lado. Así que no se como, me acercaba, impulsaba, no se. Y una felicidad increíble me llenaba. Esto hasta que sin saber porque ella desaparecía y no tenia mas recuerdo de esta historia.
   Tendría como 16 años cuando en plan un poco bobo le conté este medio cuento , medio sueño a mi madre.  Ella se extraño y se quedó muy pensativa.
  Eso me hizo preguntar más. Y me explicó, ella creía que no podía ser, pero tal como yo le conté esta anécdota fue lo que acudió a su memoria.
    Yo aún no caminaba, y estaba a cuidado de unas vecinas mientras mi madre junto con otras hacia su turno del uso de las pilas de lavar que existían en la casa de vecinos.
   Al parecer, yo la escuché hablar, y estaba en un taca taca de la época. Y ni corta ni perezosa corrí hasta ella.
  Resultado, golpe y supongo rebote, por la diferencia de tres peldaños de los de antes…cemento y piedra, que separaba el patio lavadero de otro espacio, pasillo supongo, u otro patio más exterior.
   Este es mi primer recuerdo, creo que verdadero, de un instante de felicidad.
  La voz de mi madre, y su cara, y mi necesidad de estar junto a ella.

Da que pensar.
Buenas noches.