Ciegos y tuertos.

Vivir en país de los ciegos no te hace rey.

Pero si te empuja a chocar con muchos de ellos.

Unas veces esquivas por el lado bueno, otras te los tragas por el ángulo muerto.

Y de ninguna de las dos formas sales íntegra.

Dependiendo del ánimo, eres capaz de acompañar una sonrisa….o echarte a llorar.

Triste. Es el estado natural que me acompaña, acompañada de nubarrones de ira.

A veces la suerte me acompaña y los ciegos pasean al sol. Eso te deja fría, pero libre, libre de saltar, gritar y imaginar un futuro imposible.

Algo que me vuelve a estado triste.

A veces cuando se desbandan,en el lugar quedandote quieta, te encuentras con algún tuert@ como yo, y si nos coincide el ángulo bueno, disfrutamos de conversaciones increíbles, tristes también , pero que con la compañía y el brazo de otr@ hasta te parecen divertidas y producen calor.

Y así pasa el tiempo, o la vida, o no pasa y sólo repetimos el acto de cara a la audiencia…quizás son los focos los que no me dejan ver..quizás.

Ilumina tu vida

Cómo siempre, es más fácil decirlo que realizarlo. Y eso que nos atiborran con fracesitas iluminadas, que te prometen sueños cumplidos, deseos increíbles y bolsillos a rebosar.

No sé cómo no me funcionan, con las ganas que les pongo.

   Y de nuevo andamos inventando. Entre dos mundos, entre dos realidades… A ver, ¡quien da mas!

   Lo peor, mejor, es que somos capaces de lograrlo, con la facilidad del empeño y experiencia en cambios drásticos.

   Me pregunto si leí el final de la Ilíada, no recuerdo si Ulises tubo un final feliz, si tenía su lugar en aquel palacio, su silla favorita, o los sonidos familiares que acompañan  el sueño.

Me pregunto porque mi realidad es así.

El bosque

Normalmente es el bosque el que  impide ver los arboles, para todos, perdidos en la búsqueda de nuestra identidad, cada momento.

Eso nos da la  facilidad de ver a los demás mientras no puedes  entenderte a ti misma..             Uno de mis mayores deseos, en estas circunstancias, es el intentar ser capaz de ver desde fuera mi habitual resolución.

Dificilmente lo consigo, por que me es imposible separar sentimientos  de acontecimientos.

Eso si, cuando surge ese instante, es ese clic, se visualiza ese trocito, pieza del puzzle,  aunque solo  sea es, una pieza.

Y se te queda cara tonta, porque sientes que esa pequeña luz te esta mostrando una realidad, la quieres o no, otra parte, y  es que esa pieza sirve para entender el contexto, el porque ,o para que. Asi  que, la ilusión, otorga otra sensación, de perdida, de decepción, por todo lo que queda por ver, por lo que aun te queda por saber y por montar.

Estas son partes de piezas…Llegue a mi nueva residencia, en marzo, y poco después llego documentos que me contarón que mi familia, la que jamas habíamos conocido eran habitantes de estas tierras. Jamas, nadie, lo sabia, y llegamos aquí por, “casualidad”.               En marzo llegamos, justo el mes de mi procreación, por lo cual, al final de este año, como siempre cumpliré años, y nueve meses en esta tierra…

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Las cosas como estaban.

Vestía de negro de los pies a la cabeza, incluyendo un pañuelo anudado firmemente que enmarcaba su cara. Era una mujer silenciosa diría, excepto cuando comenzaba con los avisos. De complexión grande, aunque el negro la convertía en una figura desdibujada de formas. Con un acento extraño, que con los años aprendió era gallego, lengua que mezclaba sin querer en sus conversaciones.

Habitualmente con la compra diaria solía traer la botella , pero había días como este en el que se repetía la rutina de la llamada.

Todas las veces intentaba evadir aquella orden, a pesar de poder esquivarla muy pocas.
La encontraba casi siempre sentada en una silla baja, astraida en sus pensamientos, rara vez descubría la novedad del sonido de la radio, que actuaba como banda sonora de lo que allí sucedía.
Se quedaba en la puerta esperando a ser vista, aunque de sobra sabía que tendría que entrar llamándola en voz fuerte para llamar su atención.
Le daba extrema vergüenza llamarla por su nombre,  aun más cuando usaba un diminutivo, y le parecía incoherente, un nombre así para una mujer que por edad podría ser su abuela.
Esta vez enseguida la vio, y desde la misma silla con gesto cansado le grito invitándola a llegar hasta ella. Y con paso rápido pero dudoso ando esos metros que las separaban.
Una vez delante de ella espero a que le preguntase, con ganas de salir lo más rápidamente de aquel sitio.
Era un local con dos habitaciones que permanecían vacías, con aspecto desangelado, con sus paredes blancas y aquellos suelos con dibujos geométricos tan habituales en esa época.  Solo las cajas componían el mobiliario, cajas de vino, cerveza y otras bebidas, que su dueña movía no si esfuerzo una y otra vez ordenándolas de un lado a otro.
Siempre se lleva lo mismo, siempre la misma botella de vino blanco y no comprende porque cada vez que le toca venir tiene que repetirle como si fuese la primera vez, como si no recordase , en cambio aquella retahíla de frases repetidas no las olvidaba nunca.
Solía empezar nada más mirarla de arriba a abajo mientras ella repetía la frase con el pedido.   Y siempre le advertía a que además memorizarse bien lo que le decía,  y llegado el caso lo recordase.
Ella ponía cara de seriedad que mejor le salía y la observaba, esperando que volviese con la botella para salir lo más rápido posible.

Y era entonces cuando comenzaba los avisos; ya sabes lo que tienes que hacer? Ya te ha avisado tu madre sobre los hombres? Sabes que no tienes que acercarte a ellos, y lo que tienes que hacer si te llaman?

Fingía cara de interés, y gesticulaba con la cabeza, dando a entender que si, que ya sabia todas esas cosas. Mientras movía las piernas apoyando el peso de una a otra para de esas forma evidenciar que tenia prisa.

Y de nada servia.

Sabes lo que tienes que hacer si te ofrecen algo?. Tu corre, si te llaman, no te acerques si no hay gente delante, y aun así, si te dan algo no lo cojas, ni les acompañes, si te dicen algo feo, tu grita, grita para que la gente se acerque, o te vas corriendo donde haya gente.

Mientras se movía lentamente hasta las cajas, movía una, y otra, comprobaba cuantas botellas le quedaba, y las observaba decidiendo si era de allí donde cogería su botella.

A veces viendo la indecisión, se acercaba, pero solo si reunía el valor. Entonces se ofrecía a coger la botella directamente, señalando el lugar donde estaban y aquella señora parecía no recordar.

Eso algunas veces la sacaba de sus ensimismamiento, otras servia para que la cogiese del brazo y acercándose mas, continuase con sus avisos sobre los hombres y todas sus tretas.

La escuchaba paciente, asintiendo con la cabeza, y algunas veces reunía el valor para decirle que se tenia que ir.

Entonces, ella reaccionaba mirándola de nuevo de arriba a abajo, y lentamente le daba permiso, no si recordarla que mantuviese todo en su cabeza llegado el momento, ya que no sabia lo malos que podían ser los hombre, por ser aun pequeña, y ademas con ese cuerpo, ese cuerpo ya desarrollado que tanto podía llamar la atención, porque los hombres ya se sabia, solo le interesaba lo mismo, y ella, ella llamaba la atención. De echo, no sabia como su madre no la advertía de todo eso, ni la dejaba salir así, sola, con las cosas como estaban.

                                                          Anciana-luto1