Coherencias

Muchas veces, siendo coherente y viendo de lo que estás rodeada, deberías haber salido huyendo… Hace ya mucho, mucho tiempo.

Sin embargo esta incoherencia, o idiotidad, te mantiene estática, con cara boba queriendo creer que no es tu historia, que no debes incluirte en los demás, y seguramente será cierto, hasta cuándo se llega a ese momento, en el que a pesar de saber la imbecilidad de los otros y viendo sus intentos de cruzar límites no los paras, justamente por saber su poco raciocinio.

Tu coherencia, les da a “ellos”la creencia de su poder ante ti y los tuyos, y aunque crees que es mejor no intentar aclarar ninguna cuestión ante personas tan egoísta y limitados en sus mapas mentales, el tiempo te demostrara que antes o después el enfrentamiento es seguro y necesario.

Porque a pesar de todo, solo enfrentarlos de forma clara les puede hacer dar un paso atrás, aunque solo sea para dejar espacio, no respecto.

Es triste, pero mi experiencia no ha sido otra. Dejar ver a los demás que sus opiniones dañinas y clasistas no son tuyas, o que no la compartes no es suficiente para ese tipo de personalidad . Que se sienten por encima de los demás demostrando su desprecio en su continuas expresiones o burlas, según sus creencias e idiologia… Que claramente para ellos es superior a la tuya y qué intentan demostrar, gracias a su raciocinio.

Así que harta de escuchar sus ideas, sus formas y sus risitas sobre mi o los míos, aguantando y dando la vuelta o esperando que un día vean.

He pasado al ataque, que en realidad no es mi forma de actuar. Pero el cambio no es más que colocar lo que la apariencia exterior no se muestra, siendo aún peor la situación de incomodidad aparente.

Lo que diga esta por ver…

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Las cosas como estaban.

Vestía de negro de los pies a la cabeza, incluyendo un pañuelo anudado firmemente que enmarcaba su cara. Era una mujer silenciosa diría, excepto cuando comenzaba con los avisos. De complexión grande, aunque el negro la convertía en una figura desdibujada de formas. Con un acento extraño, que con los años aprendió era gallego, lengua que mezclaba sin querer en sus conversaciones.

Habitualmente con la compra diaria solía traer la botella , pero había días como este en el que se repetía la rutina de la llamada.

Todas las veces intentaba evadir aquella orden, a pesar de poder esquivarla muy pocas.
La encontraba casi siempre sentada en una silla baja, astraida en sus pensamientos, rara vez descubría la novedad del sonido de la radio, que actuaba como banda sonora de lo que allí sucedía.
Se quedaba en la puerta esperando a ser vista, aunque de sobra sabía que tendría que entrar llamándola en voz fuerte para llamar su atención.
Le daba extrema vergüenza llamarla por su nombre,  aun más cuando usaba un diminutivo, y le parecía incoherente, un nombre así para una mujer que por edad podría ser su abuela.
Esta vez enseguida la vio, y desde la misma silla con gesto cansado le grito invitándola a llegar hasta ella. Y con paso rápido pero dudoso ando esos metros que las separaban.
Una vez delante de ella espero a que le preguntase, con ganas de salir lo más rápidamente de aquel sitio.
Era un local con dos habitaciones que permanecían vacías, con aspecto desangelado, con sus paredes blancas y aquellos suelos con dibujos geométricos tan habituales en esa época.  Solo las cajas componían el mobiliario, cajas de vino, cerveza y otras bebidas, que su dueña movía no si esfuerzo una y otra vez ordenándolas de un lado a otro.
Siempre se lleva lo mismo, siempre la misma botella de vino blanco y no comprende porque cada vez que le toca venir tiene que repetirle como si fuese la primera vez, como si no recordase , en cambio aquella retahíla de frases repetidas no las olvidaba nunca.
Solía empezar nada más mirarla de arriba a abajo mientras ella repetía la frase con el pedido.   Y siempre le advertía a que además memorizarse bien lo que le decía,  y llegado el caso lo recordase.
Ella ponía cara de seriedad que mejor le salía y la observaba, esperando que volviese con la botella para salir lo más rápido posible.

Y era entonces cuando comenzaba los avisos; ya sabes lo que tienes que hacer? Ya te ha avisado tu madre sobre los hombres? Sabes que no tienes que acercarte a ellos, y lo que tienes que hacer si te llaman?

Fingía cara de interés, y gesticulaba con la cabeza, dando a entender que si, que ya sabia todas esas cosas. Mientras movía las piernas apoyando el peso de una a otra para de esas forma evidenciar que tenia prisa.

Y de nada servia.

Sabes lo que tienes que hacer si te ofrecen algo?. Tu corre, si te llaman, no te acerques si no hay gente delante, y aun así, si te dan algo no lo cojas, ni les acompañes, si te dicen algo feo, tu grita, grita para que la gente se acerque, o te vas corriendo donde haya gente.

Mientras se movía lentamente hasta las cajas, movía una, y otra, comprobaba cuantas botellas le quedaba, y las observaba decidiendo si era de allí donde cogería su botella.

A veces viendo la indecisión, se acercaba, pero solo si reunía el valor. Entonces se ofrecía a coger la botella directamente, señalando el lugar donde estaban y aquella señora parecía no recordar.

Eso algunas veces la sacaba de sus ensimismamiento, otras servia para que la cogiese del brazo y acercándose mas, continuase con sus avisos sobre los hombres y todas sus tretas.

La escuchaba paciente, asintiendo con la cabeza, y algunas veces reunía el valor para decirle que se tenia que ir.

Entonces, ella reaccionaba mirándola de nuevo de arriba a abajo, y lentamente le daba permiso, no si recordarla que mantuviese todo en su cabeza llegado el momento, ya que no sabia lo malos que podían ser los hombre, por ser aun pequeña, y ademas con ese cuerpo, ese cuerpo ya desarrollado que tanto podía llamar la atención, porque los hombres ya se sabia, solo le interesaba lo mismo, y ella, ella llamaba la atención. De echo, no sabia como su madre no la advertía de todo eso, ni la dejaba salir así, sola, con las cosas como estaban.

                                                          Anciana-luto1

Siéntate a mi lado

Te he dicho que no, que no lo vuelvas ha hacer, que si vuelves se lo diré a mi marido..

Pero, si yo, yo no he hecho nada

Se lo diré a Manuel¡¡

Le miraron y cesaron las voces, ella miraba desde el ángulo de la escalera con cara asombrada, una niña de apenas unos siete años que no sabía que sucedía, pero que había oído a los dos gritar, en susurros, si es que eso es posible, mientras se mantenían frente a frente sin acercase.

La mujer empezó a caminar hacia ella, levantando el brazo que apoyo sobre el hombro de la niña girando su cuerpo mientras manteniendo la cabeza vuelta  hacia aquello que había sucedido, como si las palabras y los gestos se mantuviesen en el aire de ese exacto lugar.

En su mente infantil, no imaginaba que podía ser aquello, la cosa que él hacía y a ella le molestaba, tanto, tanto que lo amenazo con decírselo a papa.

Los observaba en las relaciones normales, porque todo seguía siendo casi normal. Salvo que ahora mama no quería bajar como antes con ellos a ver la televisión. Y eso que a ella también le gustaba, aunque ahora, muchas veces decía que no, que ya no le gustaba, y que era mejor que saliesen a jugar en vez de molestar a los vecinos.

Poco después, no sabía cuánto tiempo, una televisor  nuevecita llego a su casa, no tan bonita como la de los vecinos, o eso le parecía a ella, pero era su televisión, ya no tendría que bajar y sentarse y estar quietecita allí donde él le decía..

Eso le hacía sentirse incomoda, muy incómoda. Tanto que muchas veces se levantaba de forma improvisada y se iba, a pesar de que aquello que había en el televisor le encantaba, pero no, no podía.

Siéntate aquí, aquí a mi lado, y tápate con la ropa de mesa que hace frío, ven aquí cerquita para que te calientes.

Y su mano rápidamente se posaba sobre su pierna, primero como sin peso, pero enseguida rodeando su muslo, y subía y bajaba sin parar, lentamente, primero un poco menos, poco a poco un poco mas desde la rodilla hasta las ingles, y le apretaba intentando abrir sus piernas, y ella resistía. Apretaba con todas sus fuerzas sus piernecitas mientras intentaba mirar aquello que pasaba en el televisor, y miraba a todos los que estaban en la mesa, también tapados con la ropa y pensaba si era eso lo que se hacía al taparse, y si era lo normal.

Y si lo era, a los demás no parecía molestarles, sus caras no parecían mostrar ningún gesto que pudiera decirle que estaba pasando.

Sus fuerzas se perdían si se distraía pensando, mirando a los demás, y esa mano era molesta, a ella no le gustaba aunque pudiera ser lo normal, así que se levanto.

Dónde vas, te pasa algo, no quieres ver más el televisor??

Miraba sin saber que responder, su mente se confundía y no sabía que tenía que decir, porque nada parecía extraño salvo ella, que se había levantado de una forma brusca.

Me voy a jugar, acertó a decir, y salió tan rápido como sus piernas temblorosas se lo permitieron..

Fuera, no había nadie, se paro y respiro, espero a que su mente se quedase quieta con todas esas cosas que decía y repetía.

Y echo a correr buscando a sus amigos.