Las cosas como estaban.

Vestía de negro de los pies a la cabeza, incluyendo un pañuelo anudado firmemente que enmarcaba su cara. Era una mujer silenciosa diría, excepto cuando comenzaba con los avisos. De complexión grande, aunque el negro la convertía en una figura desdibujada de formas. Con un acento extraño, que con los años aprendió era gallego, lengua que mezclaba sin querer en sus conversaciones.

Habitualmente con la compra diaria solía traer la botella , pero había días como este en el que se repetía la rutina de la llamada.

Todas las veces intentaba evadir aquella orden, a pesar de poder esquivarla muy pocas.
La encontraba casi siempre sentada en una silla baja, astraida en sus pensamientos, rara vez descubría la novedad del sonido de la radio, que actuaba como banda sonora de lo que allí sucedía.
Se quedaba en la puerta esperando a ser vista, aunque de sobra sabía que tendría que entrar llamándola en voz fuerte para llamar su atención.
Le daba extrema vergüenza llamarla por su nombre,  aun más cuando usaba un diminutivo, y le parecía incoherente, un nombre así para una mujer que por edad podría ser su abuela.
Esta vez enseguida la vio, y desde la misma silla con gesto cansado le grito invitándola a llegar hasta ella. Y con paso rápido pero dudoso ando esos metros que las separaban.
Una vez delante de ella espero a que le preguntase, con ganas de salir lo más rápidamente de aquel sitio.
Era un local con dos habitaciones que permanecían vacías, con aspecto desangelado, con sus paredes blancas y aquellos suelos con dibujos geométricos tan habituales en esa época.  Solo las cajas componían el mobiliario, cajas de vino, cerveza y otras bebidas, que su dueña movía no si esfuerzo una y otra vez ordenándolas de un lado a otro.
Siempre se lleva lo mismo, siempre la misma botella de vino blanco y no comprende porque cada vez que le toca venir tiene que repetirle como si fuese la primera vez, como si no recordase , en cambio aquella retahíla de frases repetidas no las olvidaba nunca.
Solía empezar nada más mirarla de arriba a abajo mientras ella repetía la frase con el pedido.   Y siempre le advertía a que además memorizarse bien lo que le decía,  y llegado el caso lo recordase.
Ella ponía cara de seriedad que mejor le salía y la observaba, esperando que volviese con la botella para salir lo más rápido posible.

Y era entonces cuando comenzaba los avisos; ya sabes lo que tienes que hacer? Ya te ha avisado tu madre sobre los hombres? Sabes que no tienes que acercarte a ellos, y lo que tienes que hacer si te llaman?

Fingía cara de interés, y gesticulaba con la cabeza, dando a entender que si, que ya sabia todas esas cosas. Mientras movía las piernas apoyando el peso de una a otra para de esas forma evidenciar que tenia prisa.

Y de nada servia.

Sabes lo que tienes que hacer si te ofrecen algo?. Tu corre, si te llaman, no te acerques si no hay gente delante, y aun así, si te dan algo no lo cojas, ni les acompañes, si te dicen algo feo, tu grita, grita para que la gente se acerque, o te vas corriendo donde haya gente.

Mientras se movía lentamente hasta las cajas, movía una, y otra, comprobaba cuantas botellas le quedaba, y las observaba decidiendo si era de allí donde cogería su botella.

A veces viendo la indecisión, se acercaba, pero solo si reunía el valor. Entonces se ofrecía a coger la botella directamente, señalando el lugar donde estaban y aquella señora parecía no recordar.

Eso algunas veces la sacaba de sus ensimismamiento, otras servia para que la cogiese del brazo y acercándose mas, continuase con sus avisos sobre los hombres y todas sus tretas.

La escuchaba paciente, asintiendo con la cabeza, y algunas veces reunía el valor para decirle que se tenia que ir.

Entonces, ella reaccionaba mirándola de nuevo de arriba a abajo, y lentamente le daba permiso, no si recordarla que mantuviese todo en su cabeza llegado el momento, ya que no sabia lo malos que podían ser los hombre, por ser aun pequeña, y ademas con ese cuerpo, ese cuerpo ya desarrollado que tanto podía llamar la atención, porque los hombres ya se sabia, solo le interesaba lo mismo, y ella, ella llamaba la atención. De echo, no sabia como su madre no la advertía de todo eso, ni la dejaba salir así, sola, con las cosas como estaban.

                                                          Anciana-luto1

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El apoyo

Contemplaba la escena sintiéndose fuera de ella, como un visitante de  un museo, solo que aquel momento no era inmutable, aunque los personajes lo parecieran, con movimientos lentos, y miradas casi estáticas. Unas voces en susurros mantenían la monotonía del sonido de fondo que le hacía recordar que era ahora, que el momento estaba pasando.  Le vino a la mente una escena de una película, donde el protagonista pasaba por innumerables penalidades para despertar y descubrir que aquello solo era un sueño. Le hizo gracia, pero no rio, no era el momento, creía.

Cuando se hizo más tarde, lo mandaron a dormir, no sabía qué hora podría ser, había perdido el sentido del tiempo, y fuera solo se veía oscuridad, una oscuridad que acompañaba las circunstancias.

Su mente siempre inquieta se preguntó si pasado mucho tiempo de aquellos momentos si le parecerían un sueño, o muy al contrario sería capaz de recordar cada uno de los detalles.

Se dejo acompañar al dormitorio, no recordaba si había cenado, ni siquiera cuando comió, sin embargo no sentía hambre, ni el vacio de estomago. No sentía nada, ni sabía si era exactamente eso lo que tenía que sentir. Mientras se metía en la cama notó el frio de las sabanas, pensó en su madre, y en el ritual de dormir de otros muchos niños. Lo sabía porque lo había visto en las películas, y fue entonces cuando descubrió que despedirse al dormir podría ser algo normal, y besar, y desear buenas noches.

Se acurruco encontrado su hueco en esa cama que hoy parecía más hostil que nunca, y pensó que con lo cansado que se sentía dormiría enseguida.

Sentía sobre su cuerpo todo el peso del mundo, en su estomago todo el vacio y en su persona la desolación del que no entiende nada de lo que sucede. Todo había sido tan rápido, tanto que no había existido un momento para que nadie le explicase nada.

Nada sobre la muerte, como esta puede llegar a todos, hasta ahora solo creía que los mayores se morían. Lo descubrió cuando la vecina, esa señora de pelo blanco, a la  que tanto le gustaba observar mientras cepillaba su cabello para entrelazarlo, formando una trenza, larga y  blanca que acababa formando un mono pequeño a la altura de su nuca, murió.

Cuando la vio sobre su cama, supo que eso era estar muerto. Estaba con las manos sobre su estomago, cruzadas y muy quieta, así que eso tenía que ser morirse. Y aquella no parecía la misma, para nada.

Y ahora, ahora el muerto era su hermano pequeño, tan pequeño. Jamás pensó que los pequeños se pudieran morir, incluso cuando su madre muy asustada aviso a papa, para que buscase un taxi para ir al médico, ni entonces pensó en la palabra muerte.

Fue una de sus vecinas, que vino a ayudar con los niños mientras mama apurada vestía al pequeño, se lo paso a los brazos mientras buscaba sus papeles, y ella con sus llaves intentaba llamar la atención del pequeño, que ya no lloraba, casi ni se movía, solo miraba.

El pensó en ese momento que debía de dolerle mucho la tripa, porque cuando a él le dolía se quedaba así, quietecito, y el dolor parecía desaparecer lentamente, y si te volvías a mover, ahí estaba.  Así que pensó que eso debía ser.

Pero la vecina que para entonces ya estaba rodeada de otras más, lo dijo, dijo la palabra, muerte. Y nadie se dio cuenta de que él estaba allí, oyéndola.

Después vino todo lo demás, tantas cosas que ahora debía ser por el sueño no recodaba. Si recordaba la cara de papa, no parecía el mismo, jamás vio su cara igual, ni la de mama, ella lloraba y de vez en cuando levantaba la vista del bebe para buscar a papa.

Papa grito, maldijo y los vecinos le rodearon y le decían cosas que no escuchó. Todo eso ahora parecía como en la película, un sueño.

Lo que recordaba con toda claridad era aquel momento, aquel en el que el bebe ya estaba en su caja blanca, una pequeña caja con encajes que parecía de juguete. Y el pobre bebe estaba tan quietecito que también lo parecía. Le habían puesto unas ropas tan llenas de encajes como aquella caja y todo era tan extraño que no le parecía real.

Vigilaba la tripa de su hermano a ver si se habían equivocado los mayores con sus gritos y prisas y el bebe solo estaba respirando muy despacito, pero llevaba un buen rato, y cada vez más, el bebe le parecía un juguete en vez de su hermano.

Y entonces lo dijo, papa se acerco por detrás, y puso sus manos en sus hombros, eso le gusto, le hizo sentirse importante, casi se imagino un abrazo o algo parecido, pero no sucedió. Se quedo ahí con las manos en sus hombros y comenzó a llorar.

Jamás había oído llorar a su padre, jamás, y pareciera que tampoco el sabía muy bien cómo hacerlo.

Entre sus llantos comenzó a hablar y se quedo quietecito aunque le habría gustado girarse y abrazarlo pero estaba quieto, con las manos de papa sobres sus hombros, y así se quedo.

¡¡¿Porque?, ¿porque?, ¡¡era tan pequeñito¡¡, ¿porque.?¡¡

Sintió que con el temblor que papa le transmitía a través de sus  manos también comenzaría a llorar, y entonces ya no podría parar.

Pero entonces, con todos sus esfuerzos por seguir aguantado las manos de su  padre. Y mantenerse como el apoyo que estaba siento, escucho aquellas palabras, acompañadas de un movimiento de sacudida de sus hombros.

¿Por qué no te lo has llevado a el? ¡¡Llévatelo a él¡¡……………… Este es  tan pequeñito.

Siéntate a mi lado

Te he dicho que no, que no lo vuelvas ha hacer, que si vuelves se lo diré a mi marido..

Pero, si yo, yo no he hecho nada

Se lo diré a Manuel¡¡

Le miraron y cesaron las voces, ella miraba desde el ángulo de la escalera con cara asombrada, una niña de apenas unos siete años que no sabía que sucedía, pero que había oído a los dos gritar, en susurros, si es que eso es posible, mientras se mantenían frente a frente sin acercase.

La mujer empezó a caminar hacia ella, levantando el brazo que apoyo sobre el hombro de la niña girando su cuerpo mientras manteniendo la cabeza vuelta  hacia aquello que había sucedido, como si las palabras y los gestos se mantuviesen en el aire de ese exacto lugar.

En su mente infantil, no imaginaba que podía ser aquello, la cosa que él hacía y a ella le molestaba, tanto, tanto que lo amenazo con decírselo a papa.

Los observaba en las relaciones normales, porque todo seguía siendo casi normal. Salvo que ahora mama no quería bajar como antes con ellos a ver la televisión. Y eso que a ella también le gustaba, aunque ahora, muchas veces decía que no, que ya no le gustaba, y que era mejor que saliesen a jugar en vez de molestar a los vecinos.

Poco después, no sabía cuánto tiempo, una televisor  nuevecita llego a su casa, no tan bonita como la de los vecinos, o eso le parecía a ella, pero era su televisión, ya no tendría que bajar y sentarse y estar quietecita allí donde él le decía..

Eso le hacía sentirse incomoda, muy incómoda. Tanto que muchas veces se levantaba de forma improvisada y se iba, a pesar de que aquello que había en el televisor le encantaba, pero no, no podía.

Siéntate aquí, aquí a mi lado, y tápate con la ropa de mesa que hace frío, ven aquí cerquita para que te calientes.

Y su mano rápidamente se posaba sobre su pierna, primero como sin peso, pero enseguida rodeando su muslo, y subía y bajaba sin parar, lentamente, primero un poco menos, poco a poco un poco mas desde la rodilla hasta las ingles, y le apretaba intentando abrir sus piernas, y ella resistía. Apretaba con todas sus fuerzas sus piernecitas mientras intentaba mirar aquello que pasaba en el televisor, y miraba a todos los que estaban en la mesa, también tapados con la ropa y pensaba si era eso lo que se hacía al taparse, y si era lo normal.

Y si lo era, a los demás no parecía molestarles, sus caras no parecían mostrar ningún gesto que pudiera decirle que estaba pasando.

Sus fuerzas se perdían si se distraía pensando, mirando a los demás, y esa mano era molesta, a ella no le gustaba aunque pudiera ser lo normal, así que se levanto.

Dónde vas, te pasa algo, no quieres ver más el televisor??

Miraba sin saber que responder, su mente se confundía y no sabía que tenía que decir, porque nada parecía extraño salvo ella, que se había levantado de una forma brusca.

Me voy a jugar, acertó a decir, y salió tan rápido como sus piernas temblorosas se lo permitieron..

Fuera, no había nadie, se paro y respiro, espero a que su mente se quedase quieta con todas esas cosas que decía y repetía.

Y echo a correr buscando a sus amigos.

pertenecias

Imagen

Retazos de vidas pasadas adorna las habitaciones. Imágenes de instantes felices, algunos en los que siquiera participaron.

Las habitaciones gemelas, relucen asépticas, con frialdad a los ojos de un extraño.

Sus vidas giran en torno a ellas. Son  sus posesiones, su habitáculo, tal vez final.

Historias pequeñas y grandes, silenciosas.

El trozo de pan que se renueva cada día para guardar.

Los peluches que alegran la habitación de la madre perdida.

Fotos de lo que fue y no volverá. Mejores tiempos con sonrisas petrificadas.

Las cajas  que aguardan una mudanza  que nunca sucederá.

Pequeñas pertenencias que se guardan como tesoros ocultos. Y alguna postal con imágenes religiosas para brindar protección llegado el momento.

Repaso de cada día, diferente e igual.

Ayes silenciosos. Vidas que se diluyen.

Flores

Comienzo un nuevo libro con la esperanza de ser transportada a otros momentos, otras vidas.
El elegido La flor del norte, de Espido Freire.
Su primera pagina ya me inspira..

Aunque debieras vivir tres mil años y otras tantas veces diez mil, recuerda no obstante que nadie pierde otra vida que la que vive ni vive otra que la pierde. En consecuencia, lo más largo y lo más corto confluyen en un mismo punto. El presente, en realidad, es igual para todos, lo que se pierde es también igual, y lo que los separa es, evidentemente, un simple instante. Luego ni el pasado ni el futuro se podrían perder, porque lo que no se tiene, ¿como podrían arrebatárnoslo?
MARCO AURELIO, Meditaciones.

vidas

Sonríe una y otra vez mientras camina pasillo arriba y vuelta.
La llevan del brazo mientras le cuentan su propia vida.
¿Te acuerdas de cuando nos hacías el pavo? ¿Te acuerdas de cuando íbamos a tal o cual sitio?
Las respuestas son siempre las mismas, no.
Hoy durante una hora le contarán de nuevo todas esas anécdotas, las mismas que en la última visita, de hace un mes.
Ella pasea sonriente abrazada con fuerza a esos brazos que prácticamente la transportan.
Pregunta las mismas cosas también, ¿y quien es ese? ¿Y donde esta? ¿Yo lo conozco?
Las respuestas suenan como quien cuenta un cuento a un niño, claro que lo sabes, lo que pasa es que no te acuerdas.
Después de unas cuantas vueltas con todo ese derroche de felicidad dice que le tiemblan las piernas, la miran tranquilos y le responden que es normal, que ya está muy mayor.
Ya tengo 90 dice ella.
No aun no
¿No? Bueno pues entonces no.
Llega la hora de comer y empiezan la despedidas, sus ojos jubilosos en ese momento se empañan por el entusiamo que parece escapar por la puerta.
No llores, mama, no me gusta verte llorar. Cuídate mucho y come para estar muy fuerte, para llegar a los 90.
Se seca las lagrimas mientras la acompañan al comedor, han venido a visitarme va contando.
Mañana seguramente no recordara, ni la visita, ni las anécdotas, ni cuanto falta para que cumpla noventa.
Dependiendo del humor que la acompañe ese día, cantará, se sentara en la ventana frente al sol, y suavemente se dejara llevar, siguiendo la conversación si la hay de quien la lleva, sonriendo si viene al caso.
O tal vez, queriendo acostarse porque esta cansada, se equivocara de habitación.
Alguien la descubrirá en algún momento, u otro residente, dueño de esa habitación.
El tiempo no existe, ni ayer, ni mañana. Solo hoy, ahora, y el momento.

Estrellas

Te he visto mientras mirabas el programa, te he visto y he observado una sonrisa especial, traviesa diría.
¿Yo? ¿Sonrisa traviesa? No, no, te lo habrá parecido.
No, nada de eso, te observaba mientras mirabas al cantante, no me equivoco, ¿lo conocías de antes? ¿Por qué de esa mirada? ¡Cuéntame¡
No, te digo que te equivocas, imaginas demasiado, si que lo conozco, de hace tiempo, lleva bastante sin cantar, pero lo he ido siguiendo, es muy deportista, hace poco hizo el camino de Santiago siguiendo una ruta que se llama algo así como de las estrellas.
Ya veo, ¿y que mas?
¿Mas?, nada mas, solo eso.
La seguía mirando de forma inquisitiva, ella sonreía, sonreía y esquivaba la mirada.
Venga cuenta.
Es una tontería, ¿tú lo conoces de antes?
No, no lo recuerdo, ¿Por qué?
Veras, cuando comenzó a cantar, hace ya mucho de eso, una de sus canciones, en especial, bueno yo era muy joven, ya sabes que a esa edad se es un poco tonta.
No le des mas vueltas, cueeeeenta.
Solo eso, que una canción me gusto mucho, y me enganchó, tonterías de la edad.
¿Enganchó, enganchar que?
¡jo! Nada, era joven y tonta, la canción se llamaba polvo de estrellas, y a mi, me hizo imaginar, la letra da pie a doble sentidos, solo eso.
A ver, a ver, explica.
¡Pues eso! Que tenia doble sentido, que hablaba de una pareja, de polvos de estrellas, y es guapo, muy guapo.
¡¡Pero…. si es ciego!
¿ Y que? Precisamente eso lo hace más especial. ¿Tu sabes lo que tiene que ser descubrirse poco a poco, estar con alguien tan especial, sensitivo?, en fin, solo son tonterías.

Siii, tonterías, pero a ti te embelesaba, te llevaba solo imaginarlo, a las estrellas, ¡ya veo¡