Siéntate a mi lado

Te he dicho que no, que no lo vuelvas ha hacer, que si vuelves se lo diré a mi marido..

Pero, si yo, yo no he hecho nada

Se lo diré a Manuel¡¡

Le miraron y cesaron las voces, ella miraba desde el ángulo de la escalera con cara asombrada, una niña de apenas unos siete años que no sabía que sucedía, pero que había oído a los dos gritar, en susurros, si es que eso es posible, mientras se mantenían frente a frente sin acercase.

La mujer empezó a caminar hacia ella, levantando el brazo que apoyo sobre el hombro de la niña girando su cuerpo mientras manteniendo la cabeza vuelta  hacia aquello que había sucedido, como si las palabras y los gestos se mantuviesen en el aire de ese exacto lugar.

En su mente infantil, no imaginaba que podía ser aquello, la cosa que él hacía y a ella le molestaba, tanto, tanto que lo amenazo con decírselo a papa.

Los observaba en las relaciones normales, porque todo seguía siendo casi normal. Salvo que ahora mama no quería bajar como antes con ellos a ver la televisión. Y eso que a ella también le gustaba, aunque ahora, muchas veces decía que no, que ya no le gustaba, y que era mejor que saliesen a jugar en vez de molestar a los vecinos.

Poco después, no sabía cuánto tiempo, una televisor  nuevecita llego a su casa, no tan bonita como la de los vecinos, o eso le parecía a ella, pero era su televisión, ya no tendría que bajar y sentarse y estar quietecita allí donde él le decía..

Eso le hacía sentirse incomoda, muy incómoda. Tanto que muchas veces se levantaba de forma improvisada y se iba, a pesar de que aquello que había en el televisor le encantaba, pero no, no podía.

Siéntate aquí, aquí a mi lado, y tápate con la ropa de mesa que hace frío, ven aquí cerquita para que te calientes.

Y su mano rápidamente se posaba sobre su pierna, primero como sin peso, pero enseguida rodeando su muslo, y subía y bajaba sin parar, lentamente, primero un poco menos, poco a poco un poco mas desde la rodilla hasta las ingles, y le apretaba intentando abrir sus piernas, y ella resistía. Apretaba con todas sus fuerzas sus piernecitas mientras intentaba mirar aquello que pasaba en el televisor, y miraba a todos los que estaban en la mesa, también tapados con la ropa y pensaba si era eso lo que se hacía al taparse, y si era lo normal.

Y si lo era, a los demás no parecía molestarles, sus caras no parecían mostrar ningún gesto que pudiera decirle que estaba pasando.

Sus fuerzas se perdían si se distraía pensando, mirando a los demás, y esa mano era molesta, a ella no le gustaba aunque pudiera ser lo normal, así que se levanto.

Dónde vas, te pasa algo, no quieres ver más el televisor??

Miraba sin saber que responder, su mente se confundía y no sabía que tenía que decir, porque nada parecía extraño salvo ella, que se había levantado de una forma brusca.

Me voy a jugar, acertó a decir, y salió tan rápido como sus piernas temblorosas se lo permitieron..

Fuera, no había nadie, se paro y respiro, espero a que su mente se quedase quieta con todas esas cosas que decía y repetía.

Y echo a correr buscando a sus amigos.

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