Que las cosas nunca son lo que parecen, al menos por dentro, y  que todo tiene un porque o un de donde, es algo que voy aprendiendo. Con trabajo.

Que estamos más preparados para ver los daños que nos producen a los que producimos, porque cuando somos los “ofendidos” entonces, ¡como nos duele a nosotros!

Nosotros, cada uno,nuestro centro del universo  Imagen

Hay muchas formas de sentir, o mejor, muchas formas  de expresar lo que se siente. Y el pataleo creo que sin duda es la mejor. Es doloroso ver a la persona que quieres sufriendo en silencio, y me ha costado mucho  comprender cuanto sufre “escuchando” ese silencio.

Mis seguridades, esas que me engañan constantemente me decían que cuando alguien no se queja, no grita o no patalea no siente ese mal. Debe ser porque yo suele pasar por todas esas fases tan expresivas.

Pero  sufrir en silencio, debe ser la peor forma de vivirlo. Sin ser capaz de quizás analizar el porqué del daño,  o de donde viene, o intentar comunicarlo para simplemente sentir que alguien puede entenderte. O quizás sabiendo todo eso y esperando  o asumiendo que es lo que te toca vivir.

Confieso que no soy de las que hacen la vida fácil, con mis eternos interrogantes,  y aun menos dando por sentado que tal como yo lo veo, es la realidad. Pero si de algo sirve intento darle la vuelta, entender que todo tiene un porque o un de donde.

Y, como hoy me han dicho, la  respuesta es sacarlo, no con ello encontraras las respuestas del  otro, pero está bien decir  me pisas cuando plantan su pie sobre el tuyo, aunque `por ello  no podemos esperar que eso produzca otra reacción que la de levantar el pie, sin que el otro piense, ¿oye, porque tendré la manía de pisarle?

Un comentario en “nuestro centro del universo

  1. ¿Somo un poco egoistas, verdad? Claro que hay gente que sufre en silencio. Mucha. Y muy cercana, a veces. Recuerda que hay tantas verdades como seres humanos. Y que nadie está en posesión de la verdad absoluta. Nos pasamos la vida mirándonos el ombligo y llorando nuestras propias penas, sin mirar el ombligo del otro y sus penas, que también las tiene.
    Besos.

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